El dilema del lenguaje sobre lo Absoluto
Marcos Aurelio Álvarez Pérez / #MAAP
Ideas Cómplices ∞ La Hora del Gadejo
Aproximarse a la idea de Dios o de lo Absoluto plantea un desafío metodológico radical para el intelecto humano:
¿cómo nombrar aquello que supera los límites de nuestra propia capacidad cognitiva?
Históricamente, el pensamiento filosófico y teológico ha respondido a esta cuestión a través de dos vías aparentemente divergentes: la teología negativa (apofática) y la teología de los atributos (catafática). Lejos de excluirse, ambas posturas encuentran una perfecta simbiosis a través de la Via Eminentiae (Vía de la Eminencia), configurando un marco analítico bidimensional que permite comprender la realidad tanto en su dimensión espiritual como en su manifestación material.
- Definición y polaridad de los enunciados
La Teología Negativa (Vía Apofática): Este método establece que la esencia de lo divino es incogniscible para la razón humana. Por lo tanto, el único conocimiento certero sobre Dios se alcanza mediante la negación. No se trata de un escepticismo, sino de un ejercicio de humildad intelectual: para salvaguardar la trascendencia divina, se define lo que Dios no es (v.g., Dios no es finito, no es mudable, no es un objeto dentro del tiempo). La negación actúa aquí como un escudo contra la idolatría conceptual.
Los Atributos de Dios (Teología Catafática): Por el contrario, este enfoque recurre a la afirmación y la analogía. Basándose en la revelación o en la observación del orden cósmico, asigna cualidades positivas a la divinidad. Al afirmar que Dios es amor, justicia, sabiduría u omnipotencia, el ser humano construye un puente semántico y operativo que le permite relacionarse y conceptualizar el Principio Primero de la existencia.
- Aplicabilidad y dimensiones de la existencia
La simbiosis de ambos enunciados se vuelve operativa cuando se aplica a los dos planos fundamentales de la realidad: la existencia material y la existencia espiritual.
A. En la existencia material: El espejo y el límite
El plano de la materia (lo visible, lo fenoménico y lo cuantificable) sirve como el primer peldaño de la teología afirmativa. Al contemplar la armonía de la naturaleza, las leyes de la física o la complejidad biológica, atribuimos al Creador cualidades como el orden y la sabiduría.
Sin embargo, la materia está supeditada al espacio y al tiempo. Es allí donde la teología negativa interviene de forma simbiótica: nos recuerda que, aunque el universo material refleja los atributos divinos, Dios no se confunde con la materia. La afirmación nos da el contenido del atributo; la negación impide que reduzcamos ese atributo a las leyes de la física.
B. En la existencia espiritual: La oscuridad luminosa
En el plano de lo invisible y lo trascendente, la simbiosis alcanza su punto cumbre. La teología negativa despeja la mente de representaciones antropomórficas, vaciando el intelecto de conceptos rígidos y preconceptos materiales.
Una vez que la negación destruye los ídolos mentales, el espacio espiritual resultante no queda en un vacío nihilista, sino que es inundado por la experiencia de los atributos en su estado puro. En esta dimensión, cualidades como la bondad o la paz ya no se entienden como categorías emocionales o psicológicas humanas, sino como fuerzas ontológicas fundamentales que sostienen el ser. La negación transmuta la oscuridad de la incomprensión en una «oscuridad luminosa», donde la razón calla para que la experiencia espiritual acontezca.
Introducción:
- Coherencia interna del modelo simbiótico
La coherencia entre la teología negativa y los atributos de Dios no es solo posible, sino estrictamente necesaria. Operan bajo una dinámica de correlación y corrección mutua que se despliega en tres momentos lógicos inseparables:
Afirmación (Catafasis): Se postula una perfección observada en la existencia («Dios es sabio»).
Negación (Apofasis): Se despoja al atributo de su limitación humana y material («Dios no es sabio al modo en que los humanos razonan o adquieren conocimiento»).
Eminencia (Eminentia): Se unifican ambas premisas en una síntesis superadora («Dios es Suprasabio» o la Sabiduría misma en grado infinito).
Sin los atributos, la teología negativa carecería de materia que purificar, derivando en un agnosticismo frío e incomunicable. Sin la teología negativa, los atributos caerían en un burdo antropomorfismo, construyendo un dios a imagen y semejanza del hombre. La coherencia radica en que la afirmación define la relación de Dios hacia el mundo, mientras que la negación preserva el misterio absoluto de Dios en sí mismo.
Conclusión
La unión simbiótica de la vía apofática y la vía catafática ofrece una cartografía completa del pensamiento metafísico. Nos permite habitar el mundo material interpretando sus señales sin sacralizar la materia, y nos abre las puertas del plano espiritual sin pretender encerrar el misterio en dogmas fijos. La verdad teológica y filosófica no se encuentra en elegir la afirmación o la negación, sino en sostener ambas tensiones en un ciclo infinito de elevación racional.
📖 Romanos 1:19-20
«Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.»
Romanos 1:19-20 (RVR1960)
Este texto expresa precisamente la idea de «El Espejo de lo Invisible»: las cosas visibles remiten a las invisibles; la creación revela, pero no agota ni contiene a Dios.
Hechos 17:28
En el discurso del Areópago, Pablo cita incluso a poetas griegos:
«Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.»
Hechos 17:28 (RVR1960)
Otras traducciones dicen:
«En él vivimos, nos movemos y existimos.»
Esta expresión subraya algo aún más profundo: Dios no es simplemente una causa externa del universo, sino el fundamento mismo del ser. Todo existe y permanece en Él.
Y hay un tercer texto que complementa admirablemente los anteriores:
Colosenses 1:16-17
«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.»
Colosenses 1:16-17 (RVR1960)
Si los ponemos en secuencia, forman una especie de trilogía teológica:
1. Romanos 1:19-20 → La creación revela las perfecciones invisibles de Dios.
2. Hechos 17:28 → En Dios vivimos, nos movemos y existimos.
3. Colosenses 1:16-17 → Todas las cosas subsisten en Cristo.
Estos tres textos constituyen un fundamento bíblico extraordinario para las imágenes y reflexiones de «El Espejo de lo Invisible» y «El Ciclo de la Elevación», porque afirman simultáneamente que:
Dios se deja conocer por sus obras.
Dios trasciende infinitamente sus obras.
Todo cuanto existe tiene en Él su origen, su sustento y su fin.
Como diría Dionisio Areopagita:
> «Dios es conocido por todas las cosas y, sin embargo, está por encima de todo conocimiento.»
Y como dice el salmista:
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.»
Salmo 19:1 (RVR1960).