Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista- Criminólogo
La sociedad panameña está secuestrada por la tradición bizarra de no actuar en derecho y en cualquier otro ámbito social, bajo la falacia o el pretexto, ya casi consuetudinario, conocido como las malas mañas panameñas que se conjugan en una practica social , encerradas en esta manera de pensar : “Esa persona no la toques, ni te metas con ella; ese/a es un contacto clave para un futuro o en el peor de los casos, aquí no va a ocurrir nada, yo lo conozco a él/ella, tranquilo, cero estrés”.

Este accionar consuetudinario es producto de la cultura del juega vivo panameño, por lo cual, hoy nos encontramos inmerso en un mar de corrupción institucionalizada, en todos los sectores del desarrollo humano nacional.
Esa actitud es la que al final conduce a los pueblos a tener gobiernos tiranos y corruptos, y a una clase oligarca manipulando ideológicamente a los pobres y a la clase media hacia una cultura de dependencia politiquera.
Veamos como quedó Venezuela inmersa en la vorágine de los delincuentes de cuello blanco que se apoderaron del poder para vivir bien ellos, y el pueblo humillado con hambre, perseguidos, muertos y exiliados.
Dos pecados capitales de este siglo
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