Ser genuino conlleva muchas veces a vivir en soledad

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminológo

Lo más importante del mundo es ser uno mismo, aún cuando se coma o se viva ligado a la soledad, que es el precio que se paga por ser genuino y sincero.

La soledad no es un «estatus quo» eterno, la gente van y vienen: Unos fingiendo amor <con esos falsos te quiero que provoca la primera impresión ~jajajaja~ las apariencias engañan y matan>; Otros por el vil interés material ~anclados al que me puedo rebuscar~, son de aquellos que pronto se van cuando le dices: «la cuenta se paga al estilo inglés». ¡Ah…! Casi se me olvida ~¡Que error de memoria iba a cometer!~ están aquellos que te tratan bien, en tanto piensan que eres hijo o sobrino de tal o cual  político o empresario de prestigio (aunque todos sepan de su corrupción), y se te pegan como chicle mascado, para asegurarse de parte de tuya, un favor de promoción o les eleve lo más rápido que ligero a otra posición o nivel social.

El hombre o la mujer genuina tienen un sentido extrasensorial que les funciona como radar, que les ayuda a detectar a esa calaña de gente, que poseen mente de borregos, que siempre son llevados a pastar, a proteros donde ni hierbas buenas hay, pero allá deciden ir, por el vil interés, para posteriormente desbarrancarse por los morbidos acantilados de la irreligiosidad. A esa gente los guía la vara del ruin pastor de su conciencia y mala conducta.

La soledad no es mala….ya lo dice el refrán: «Mejor es estar sólo, que ser como el cojo a quien las piernas le guindan y por el gusto las muletas».

En fin, cuando el sabor de la soledad llegue una vez más a tú vida, mejor es beberse un vaso de agua, que llena más que mil amores falsos, familiares y amistades de interés. Beber agua tiene más benéficios para la salud y el alma.

El que es genuino limpia su alma con agua viva y de vida en la Persona y Nombre de Jesucristo, por eso no es presa fácil de la vanidad, no vive de ella, ni mucho menos se deja dominar por las marcas de la etiqueta que impone el prestigio social. No le interesa un like de Facebook, ni un me gusta en Instagram, ni mil seguidores en Twitter, ni ser virales en las redes sociales: ¿Para qué?…Al final, esas personas que viven de lo virtual, de las TICs, son narcisista patológicas, que dependen de la aprobación de los demás, de lo contrario se mueren de depresión, ante la ausencia de una respuesta rápida y oportuna al mirame, aquí estoy yo otra vez, necesito de ti una vez más.

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