La historia de un Gamín en el gueto

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez

Criminólogo 

Hace 35 años, desde 1982 me convertí en un gamín (jovenzuelo callejero), al fugarme de mi casa. Dormí en las las calles de San Felipe, Casco Antiguo, República de Panamá. Tras fugarme de mi casa, en David, Chiriquí, emprendí la búsquedas de mi papá, a quien encontré poco tiempo después, gracias a mi abuela Dominga Peñalba de Álvarez, que me acogió por un corto tiempo en su casa en el barrio de Barraza en el corregimiento del Chorrillo. Mi papá me llevó a vivir a su casa, lugar donde encontré nuevos hermanos, producto de su última unión de matrimonio. En Curundú viví poco tiempo, ya que mi papá me dijo: «te doy casa y comida, los estudios te los das tú», cosa que anhelaba hacer, ya que desde entonces sabía que algún día me pagarían por pensar si estudiaba. Desde entonces entré en continuo conflictos con él, hasta el día que decidí salir a la calle a buscar lo mío. Para esos días, luego de una conversación de amigos que sostuve con mi papá, me buscó un trabajo de medio tiempo con un amigo suyo, soldador  de verjas de hierro, con quien me ganaba B/5.00 por semana, instalando puertas y verjas de seguridad. Con esa plata me ayudaba a pagar los pasajes del Colegio.

Ese año entré tarde al IV año del segundo ciclo (abril de 1982); Gracias a la ex Ministra de Educación Susana Richard de Torrijos, pude entrar al Colegio José Antonio Remón Cantera. Eso se dió porque una mañana cogí un taxi y me dirigí a la casa de ella, allí desayuné con ella y le expliqué lo que me ocurría. Fue cuando ella, que era la ministra de Educación, me procuró un cupo en el Colegio Remón a través de Dirección de Educación Secundaria del Meduca.

En el Remón conocí a dos amigos, a quienes me les pegué una tarde procurando su amistad, la cual me brindaron de forma espontánea. Con ellos dos (Pichi y Gabi (Q.E.P.D) conocí el Club de Clases y Tropas, donde  trabajé en la cocina como ayudante de cocinero. Allí me ganaba 35 dólares por mes, con lo que me suplía para mis estudios en el Colegio Remón Cantera.

Del Club de Clases y Tropas fui echado una madrugada a punta de patadas por unos policías de las Fuerzas de Defensa, quienes en nombre del Capitán, que gerenciaba el Club, actuaban contra mi, ya que éste llevados por los celos se levantó contra mi, toda vez que la noche anterior había bailado en un festival típico con su querida, a la cual nunca miré con el ánimo de levantarme. Y fue así que de nuevo fui a dormir a los zaguanes del gueto en Calle Primera San Felipe. Por un tiempo me bañaba y me vestía en la casa de Pichi y de allí a veces sin desayunar y almorzar me iba al colegio. Ya para esos momentos me sumía en el alcohol y el cigarrillo. 

Fue así, como a los dias una amiga, llámada Yiya, me llevó a vivir a su casa, ubicada en Santa Librada, en San Miguelito. En esa misma barriada meses más tarde fui a vivir a la casa de las que tiempo despué se constituyeron hasta el día de hoy, como mis tías Aída y Elba (Q.E.P.D), mi nueva familia adoptiva. Fueron ellas dos junto a mi abuelita Joaquina y su esposo Maximino Barrera, los que me guiaron a la Fe en Jesucristo Dios y a encontrar un nuevo rumbo en la vida. Mientras viví en Santa Librada a los 16 años comencé a trabajar en el Almacén el Machetazo, donde el dueño del almacén, Juan Ramón Pool me guió y me orientó a la diversidad de labores en el almacén.

Entre trabajos y estudios transcurrió gran parte de mi vida. Inicie el pago de las cuotas patronales de la Caja de Seguro Social (C.S.S) a los 16 años de edad, por una consideración especial que hizo conmigo Juan Ramón Pool. Una vez iniciado en el Machetazo, comencé como empacador en las cajas de cobros de mercancías, a la semana el señor Ramón, me saca de las cajas y ordena que me incluyan en la planilla y que se me tramitará una certificación de menor ante el Tribunal Electoral de Panamá, para pagar seguro social y me asignó al departamento de Empaques del Machetazo, allí me llevó a diferentes puestos de trabajo donde requería de mi apoyo y diligencia. Me hice carnicero, aprendí a hacer cortés de la reses cuando llegaban al refrigerador, desjarretaba las piezas del ganado, fueran de vacunos o de cerdos, a hacer los cortes en las máquinas, así como vender también o atención al cliente. De igual forma, aprendí a manejar y a hacer los  cortes de los embutidos, y cuando el señor Ramón requería una ayuda para solucionar un problema dentro del almacén, Marcos Aurelio junto con él, lo resolvía, hasta de surtidor de productos; y así salí del Machetazo, con toda una experiencia laboral que me abrió los ojos al  deseo de ser útil en toda buena obra y obtener una buena paga para sufragar mis estudios.

Luego fui a trabajar a la panadería Paninos, allí aprendí el arte de amasar el pan, a hornear, hacer rosquete y a los 18 años de edad con el señor Luis Gómez, pasé a la venta de dulces y pan como rutero en todos los barrios de Panamá. Aprendí a manejar en una auto escuela, que gracias a Dios pude costearme, sacando mi licencia de conductor  a los 18 años de edad. Así fue como dentro de Panino y una vez concluido mi turno como amasador de pan, pasaba en la tarde a ganar un extra vendiendo pan y dulces.

Cuando salí de la panadería, pasé a trabajar a los Astilleros Balboa donde aprendí el arte de limpiar y pintar barcos. También fui vendedor de gasolina, trabaje en los almacenes la Suerte vendiendo zapatos. Trabajé como vendedor de pollos en las tiendas Melo, donde freía pollo y vendía piezas crudas también.  También por un tiempo laboré como supervisor de gestión de cálidad en la empresa láctea la Chiricana.  En fin tengo dos clases de hoja de vida: una de obrero y el de un profesional por la gracia de Dios en mi.

Terminé mi cuarto año en el Remón Cantera, y me dediqué a trabajar todo el verano de 1983. Entre al colegio Gastón Faraudo P., dónde tuve muchas dificultades para estudiar ya que entre los gastos de estudios y sobrevivir a diario, lo que ganaba no me alcanzaba.

Finalice mis estudios secundarios en el Colegio Gastón Faraudo P., con una deuda de mil quinientos dólares. Por lo que no pude asistir a la ceremonia de graduación por esta deuda. Poco antes de entrar a la Universidad de Panamá, tuve la necesidad de ir al Colegio a buscar copias de mis crédito y del diploma (sabiendo que debía) para poderme matricular en la Escuela de Periodismo, y mi sorpresa fue que salí con los originales. La directora del plantel me dijo: «Qué porqué razón no había asistido a la graduación», a lo que le contesté: «Es que aún le debo plata a la Escuela», y ella me ripostó: «alguien pagó por usted su deuda».

Ingresé a la Universidad en 1986 y me tocó vivir en mis años universitarios la crisis de Estado que generó la ascensión al poder de Manuel Antonio Noriega, la cual recrudeció en junio de 1987, la cual tuvo su cenit y derrocamiento la noche del 20 de diciembre de 1989. Durante la dictadura militar me forjé en las filas de la Cruzada Civilista luchando contra los militaroides, todo esto de la mano de mi amiga y mentora la periodista Mayin Correa.

Cuando Correa retorna a Panamá el 31 de enero de 1990, tras la invasión del 20 de diciembre de 1989, fuimos hasta la presidencia donde fue recibida por el Presidente Guillermo Endara, allí la bautisamos como la voz de la democracia de Panamá. Una vez Mayin se estableció en su emisora KW Continente, destruida por los militares, me hice su ayudante en el Programa La Palabra, donde también realice mi práctica profesional de periodismo. En esos avatares de la libertad de prensa recién instaurada en Panamá, se dió el destape informativo y tras unas opiniones que repetí de una oyente contra un magnate del negocio panameño,del cual hora más tardes recibí una golpiza que me dio en las afuera de la emisora, en plena Vía Porras, dejándome totalmente golpeado. Ese mismo hombre, el 7 de febrero de 1990, me mandó a accidentar y cumplió su amenaza de que haría que me arrastrará sobre el piso y no ejerciera más el periodismo. Esa noche tras un feo accidente que me dejó entre la vida y la muerte, escuché cuando un doctor decía: «hay que amputarle la pierna». Producto del impacto que se dió el carro contra un poste de luz, mi pierna izquierda se partió en dos, el fémur quedó convertido en un mafa por la forma en que quedó. Dios fue bueno y luego de un tratamiento con tensión de pesas que duró 15 dias y tras una larga operación me salvaron la pierna; pero de ese accidente quedé con serias secuelas que hasta el Sol de hoy soy sumido en crisis de dolor, pues los médicos nunca descubrieron que del golpe me quedaron dos discos herniados (L4 y L5), los cuales años más tardes descubrieron.  En esa exploración, me colocaron yodo en la sangre, para hacerme un centelleo óseo, ya que un médico dictaminó, que yo tal vez, lo que tenía era un cáncer metástasico y por eso los continuos dolores. Ignoraba que era alérgico la yodo. Del shock anafilactico que sufrí me regresaron luego de varios minutos de reanimación cardiaca, toda vez que había presentando un paro cardíaco y respiratorio. 

Gracias al presidente Endara (Q.E.P.D) recibí de la C.S.S. una cortesía de atención médica por un año, y eso porque Mayin Correa habló mucho en contra de ese atentado que sufrí siendo un joven de 23 años y graduando de la Escuela de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá.

También del impacto mi quijada izquierda fue afectada y años más tarde se percata una maxilofacista que yo había recibido una fractura, la cual nunca fue atendida, y que por eso yo sufría de continuos dolores y calambre en la cabeza y el oído. 

Tras mi salida del Hospital, la recuperación fue lenta, use muletas y bastón por mucho rato, y cojeaba sin poder controlar la cadera. Una noche de Oración le pedí a Dios que me sanara, y eso fue lo que hizo. Al año de la cita de control el ortopeda me dijo que le hablara del Dios de la Biblia, pues yo debí quedar con una pierna más corta que la otra, pero que sin dudas estaba al frente de un testimonio de vida. Y aunque la pierna no cojeaba, el dolor nunca se me ha ido. 

Los años han transcurrido, me convertí por la gracia de Dios en un Criminólogo y especialista en lingüística aplicada a la enseñanza del Idioma Español, Bombero regresado de la Academia Superior de Bomberos del Benemérito Cuerpo de Bomberos de la República de Panamá y músico saxofonista en la Banda de la misma entidad, ya que en medio de dificultades y contrariedades pude estudiar en el Conservatorio Nacional de Música.

Desde 1985 hasta al fecha,  le vendo un proyecto de vida a la niñez, adolescencia y juventud que nace en riesgo social y vive en conflicto con la ley. Ese proyecto se llama «Busca tu identidad pérdida en Dios» y promueve en ti oh joven, una meta u objetivo de vida a corto, mediano y largo plazo».

En el gueto Dios me hizo el papá de un Bambino a quien adopte desde que nació hasta el día de hoy. Ese hijo lo apodé: «El Bambino de Mako». 

Esta historia continúa.