El imperio que amenaza: Estados Unidos, Donald Trump y la doctrina del saqueo moderno

La retórica de la seguridad y el uso del poder militar, económico y nuclear como instrumento de dominación

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez – MAAP / Periodista, Criminólogo, Lingüista, Perito Forense Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Bombero y Músico

Así ocurrió con Nabucodonosor de Babilonia: gobiernó desde la soberbia, destruyó con su propia política y fue reducido a la condición de bestia hasta que reconoció que Dios gobierna sobre los reinos de los hombres. La caída no siempre es inmediata. Pero es inevitable. (Daniel 4)

Una lectura profética, criminológica y política

No estamos ante un hombre aislado, sino ante un sistema de poder que se engrandece a sí mismo. Desde la criminología del Estado y la lectura profética del libro de Daniel, este análisis expone cómo la soberbia política, la violencia institucional y el intervencionismo global conducen al colapso de los imperios que violan la ley que dicen defender.

Estados Unidos no atraviesa simplemente una crisis política: enfrenta una mutación del poder.

Bajo el liderazgo de Donald Trump, el ejercicio del gobierno se desplaza del marco constitucional hacia prácticas sistemáticas de fuerza, intimidación y control, tanto fuera como dentro de su propio territorio.

No se trata de excesos retóricos ni decisiones aisladas, sino de violencia estructural ejercida desde el Estado.

ICE y la criminalización institucional
Este patrón se expresa con claridad en el uso de agencias federales —en particular Immigration and Customs Enforcement (ICE)— que operan por encima del debido proceso, desconocen protocolos legales de los 51 Estados (50 Estados + DC) y ejecutan acciones coercitivas que fracturan familias, vulneran derechos civiles y criminalizan la pobreza y la migración.

No estamos ante fallas administrativas. Estamos ante un crimen político contra el propio Estado de derecho estadounidense.

La estrategia retórica y la guerra económica:

Desde el inicio de su política de guerra arancelaria, Donald Trump amenazó de forma directa a China, su principal competidor económico y tecnológico. Pero no se limitó a Pekín: extendió la presión a México, Canadá, la Unión Europea (especialmente Alemania y Francia), Japón, Corea del Sur, India, Brasil y Turquía.

Los aranceles se convirtieron en arma política, no para cooperar, sino para disciplinar aliados, castigar economías competidoras y forzar ventajas comerciales, transformando el comercio internacional en un campo de coerción geopolítica.

Escalada del conflicto: el patrón criminológico

Como ocurre con todo psicópata o sociópata, cuando la primera acción criminal no es detenida, cuestionada ni sancionada, la conducta no se corrige: se expande. La impunidad temprana valida el abuso y acelera la escalada hacia conflictos más amplios.

Trump ha escalado de la siguiente manera:

1. Venezuela: Control del petróleo mediante sanciones, bloqueos y supervisión del crudo.

2. Panamá: Amenazas al Canal y a la soberanía, pese a tratados vigentes.

3. Colombia y México: Narcotráfico usado como coartada de injerencia.

4. Groenlandia: Interés ártico por tierras raras y posición militar contra Rusia y China.

5. Irán: Retórica de presión y amenaza militar directa.

6. Cuba: Asfixia política y económica para forzar el colapso del régimen. De “Perla del Caribe” a ruptura estructural post-1959.

7. Canadá: Presión y apropiación estratégica bajo lógica de seguridad.

8. Gaza, Israel y el doble rasero jurídico:

El respaldo incondicional a Israel, aun frente a acusaciones de genocidio en Gaza, evidencia la quiebra ética del orden internacional. Mientras unos líderes son perseguidos bajo figuras como “narcoterrorismo”, otros —como Benjamín Netanyahu— son recibidos con honores pese a señalamientos formales ante la Corte Penal Internacional. Esto no es justicia internacional. Es administración selectiva del derecho penal global.

De la Doctrina Monroe a la “doctrina Donroe”

Donald Trump ha llegado a afirmar que ya no se trata de la Doctrina Monroe, sino de una supuesta “doctrina Donroe”: una deformación personalista que no existe en el derecho ni en la historia, pero que revela la intención de reapropiarse del viejo principio intervencionista bajo su propio nombre y voluntad, reforzando una visión unilateral del poder hemisférico.

Daniel 11: cuando la profecía describe sistemas

Daniel no describe solo a un hombre. Describe un modelo de poder que se repite: “Del Dios de sus padres no hará caso…ni del amor de las mujeres hará caso…honrará al dios de las fortalezas…y por precio repartirá la tierra.” (Daniel 11:37–39).

Desde esta perspectiva profética, Donald Trump opera así:

Primero, la mentira como método: la falsedad reiterada, la manipulación del relato y la distorsión de los hechos se han convertido en una práctica consuetudinaria. La mentira deja de ser un error para transformarse en herramienta de gobierno, rasgo que la tradición bíblica asocia directamente con el poder del adversario espiritual.

Segundo, la codicia elevada a doctrina. Bajo la retórica de “policía del mundo” y la herencia ideológica de la Doctrina Monroe, se justifica la intervención militar y económica sobre territorios ricos en petróleo, tierras raras y recursos estratégicos. No es defensa: es apropiación. No es seguridad global: es avaricia geopolítica.

Tercero, la vanidad y el orgullo desmedido. El reclamo simbólico del Premio Nobel de la Paz, la descalificación de otros liderazgos y hasta la apropiación caricaturesca de gestos culturales —como acusar a #NicolasMaduro de “imitar su baile”, como si incluso la expresión corporal fuese propiedad privada— revelan una obsesión por el yo, por la centralidad absoluta del ego.

Cuarto, la tentación de los reinos del mundo. Así como #Lucifer ofreció a #Jesucristo todos los reinos a cambio de adoración, este modelo de poder reclama para sí el derecho natural a dominar, decidir y repartir el mundo según sus intereses, tal como lo advierte Daniel 11:39: repartir la tierra “por precio”.

Conclusión: cuando el poder se vuelve ídolo:

No se trata de un insulto ni de una exageración política. Es una advertencia profética y criminológica: cuando un sistema no reconoce límites morales, convierte la fuerza en su dios y normaliza la violación del derecho, termina colapsando.

Daniel no habló solo del pasado.
Habló de estructuras que se repiten.
Y cuando la historia muestra los mismos rasgos, la conciencia crítica está obligada a nombrarlos.

Marcos Aurelio Álvarez Pérez / #MAAP
Periodista | Criminólogo | Lingüista | Pastor Callejero del Ghetto
Sello editorial: Ideas Cómplices

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