Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez – MAAP / Periodista, Criminólogo, Lingüista, Perito Forense Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Bombero, Músico, Pastor Callejero del Gueto
Pieza editorial – Ideas Cómplices | MAAP
Jehová cabalga sobre las olas
Vivo porque Dios lo permite,
pero hay días
en que el alma se sienta cansada
a la orilla del mundo.
No por falta de fe,
sino por exceso de realidad.
He visto demasiada miseria
convertida en espectáculo,
demasiado hambre ignorada,
demasiada vanidad celebrada
como si fuera virtud.
Unos no tienen pan,
otros lloran por una rayadura
en el metal pulido de su orgullo,
porque su Lamborghini
ya no refleja intacto
el rostro que se adora a sí mismo.
Y la Tierra gime.
No por falta de recursos,
sino por exceso de soberbia.
Mi espíritu, herido,
camina entre ruinas invisibles,
como si algo dentro de mí
hubiera muerto
de tanto mirar
sin poder cerrar los ojos.
Entonces llego al mar.
Y el mar no grita.
No acusa.
No presume.
El mar simplemente está.
Ondula suavemente,
como un pecho que respira paz,
como un salmo sin palabras
que solo se entiende en silencio.
Allí recuerdo lo que dice la Escritura:
“Jehová está sobre las muchas aguas; Jehová sobre las aguas impetuosas.” (Salmo 29:3).
Y también: “Más que el estruendo de las muchas aguas, más que las poderosas olas del mar, poderoso es Jehová en las alturas.” (Salmo 93:4).
Él cabalga sobre las olas
sin romperlas.
Gobierna sin violencia.
Reina sin ostentación.
No necesita ruido
para imponer su presencia,
ni riqueza
para afirmar su poder.
El mar me enseña
que Dios no habita en la vanidad,
sino en la profundidad.
Que aun cuando el mundo se pudre por arriba,
las aguas siguen obedeciendo
al Creador
y no al mercado.
Y mientras lo contemplo,
mi espíritu —que creí muerto—
no resucita de golpe,
pero respira.
Respira como el mar en calma.
Respira porque Dios sigue reinando
aunque los hombres se crean dioses.
Y eso,
solo eso,
me basta
para seguir viviendo un día más,
hasta que llegue el día
en que cierre mis ojos al tiempo
y los abra, por fin,
en la eternidad.
Firma editorial:
Marcos Aurelio Álvarez Pérez – MAAP
Ideas Cómplices