Una lectura teológica de las crisis del mundo y las señales del tiempo
Un mundo que repite el mismo esquema

Misterio cristológico: Cristo es el Juez justo, pero también el Redentor fiel. Su venida prueba la fe, no para destruirla, sino para revelar lo verdadero.
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez, Criminólogo, Periodista, Lingüista, Perito Forense Experto en Análisis de Imagen y Contenido, Bombero y Músico, Pastor Callejero del Gueto
Esperanza
“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28)
Este análisis no nace del miedo ni de la especulación apocalíptica, sino del discernimiento bíblico. Jesucristo no llamó a su pueblo a esconderse, sino a levantar la mirada, volver a Dios con fe y vivir con responsabilidad espiritual, ética y social. La Escritura es clara: el que es de Dios no practica el pecado, sino que se aparta de él como evidencia de una fe viva
La historia humana no avanza en línea recta; se repite por ciclos. Imperios surgen y caen, economías colapsan, guerras se reciclan con nuevos nombres, y la humanidad vuelve una y otra vez a los mismos errores, aunque con tecnologías más sofisticadas y consecuencias más letales. Hoy vivimos un escenario global marcado por conflictos geopolíticos recurrentes, crisis económicas estructurales, desigualdad creciente, carrera armamentista, control tecnológico, y una pérdida progresiva de referentes éticos.
Este patrón no es nuevo. La Escritura lo describe como un tiempo donde el desorden moral precede al colapso social: “No hay paz para los malos, dijo Jehová.” (Isaías 48:22)
La Biblia no presenta las crisis como simples accidentes históricos, sino como síntomas de una ruptura espiritual más profunda. Cuando Dios es desplazado del centro, el poder, la economía y la violencia ocupan su lugar.
Cristo permanece como el amor encarnado, aun cuando el mundo se endurece. Él sostiene a los que no negocian su fe.
“Y oiréis de guerras y rumores de guerras… pero aún no es el fin.” (Mateo 24:6)
Clave teológica
Las guerras son señales, no decretos finales. Jesús prohíbe explícitamente el pánico religioso.
Enfoque espiritual y pastoral
El creyente discierne los tiempos sin perder la paz. El miedo no es señal de madurez espiritual.
Misterio cristológico
Cristo es el Príncipe de Paz, incluso en contextos de conflicto global.
Las señales no buscan curiosos, sino conciencias despiertas
Jesucristo fue claro al advertir que los acontecimientos del mundo no debían interpretarse con pánico ni con indiferencia, sino con discernimiento: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis… pero aún no es el fin.” (Mateo 24:6)
Las señales no son el fin en sí mismas; son alertas. No llaman a especular fechas, sino a examinar la fe, la conducta y la coherencia espiritual.
Por eso Jesús formula una de las preguntas más inquietantes del Evangelio: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8)
No pregunta si habrá religión, templos o discursos espirituales, sino fe auténtica, aquella que resiste cuando el mundo se oscurece.

La normalización del mal y el enfriamiento del amor
La Escritura identifica con precisión el núcleo del problema: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12)
El mal no destruye primero por su existencia, sino por su normalización. Cuando la violencia, la injusticia, la corrupción y la mentira se vuelven paisaje cotidiano, el corazón humano se endurece. El amor no desaparece: se enfría.
Este enfriamiento produce:
– indiferencia ante el dolor ajeno,
– selectividad moral (condenar a unos y justificar a otros),
– pérdida de compasión,
– y una fe que se acomoda al sistema.

En tiempos de confusión, la fe auténtica se reconoce no por el ruido, sino por la coherencia.
Cristo: el misterio revelado en medio del caos
La Escritura enseña que el centro del tiempo no es el caos, sino Cristo: “El misterio que había estado oculto desde los siglos… que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria.” (Colosenses 1:26–27)
Cristo no es solo figura histórica; es criterio, luz y esperanza.
Cuando el mundo se endurece, Él permanece como el amor encarnado, sosteniendo a quienes no negocian su fe.
El juicio que comienza por casa

Frente a este escenario, la Escritura introduce un principio incómodo pero necesario: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios.” (1 Pedro 4:17)
El juicio no comienza en el mundo secular, sino en quienes dicen creer.
Israel, como casa del pacto, y la Iglesia, como cuerpo de Cristo, son llamados primero a rendir cuentas: doctrina, liderazgo, ética, uso del poder y mercantilización de la fe.
Dios no purifica al mundo saltándose a su pueblo. La corrección es señal de pertenencia, no de rechazo.
Fe verdadera y ruptura con el pecado
La fe bíblica no es solo confesión verbal, sino transformación:
“Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado… porque es nacido de Dios.” (1 Juan 3:9)
Este texto no habla de perfección humana, sino de dirección espiritual. El que es de Dios no hace del pecado su estilo de vida, no lo justifica ni lo convierte en norma.
En tiempos de confusión, la fe auténtica se reconoce no por el ruido, sino por la coherencia.
Cristo: el misterio revelado en medio del caos
La Escritura enseña que el centro del tiempo no es el caos, sino Cristo: “El misterio que había estado oculto desde los siglos… que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria.” (Colosenses 1:26–27)
Cristo no es solo figura histórica; es criterio, luz y esperanza. Cuando el mundo se endurece, Él permanece como el amor encarnado, sosteniendo a quienes no negocian su fe.

Un solo pueblo: el misterio revelado
Carta a los Efesios
“Porque él es nuestra paz,
que de ambos pueblos hizo uno,
derribando la pared intermedia de separación.” (Efesios 2:14)
Clave cristológica
No se trata de sustitución, sino de reconciliación en Cristo.
Ni Israel sin Cristo, ni Iglesia sin la raíz: uno solo en Él.
El remanente de Israel
Carta a los Romanos
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.” (Romanos 11:5)
“Y así todo Israel será salvo.”
(Romanos 11:26)
Clave doctrinal
No todo Israel, sino un remanente.
No por obras, sino por gracia. No separado de Cristo, sino integrado en Él.
«Escucharé lo que hablará Jehová Dios; porque hablará paz a su pueblo… para que no se vuelvan a la locura.”
(Salmo 85:8)
Dios no habla pánico, habla paz.
Las señales llaman al arrepentimiento, no a la histeria. El que es de Dios se aparta del pecado y vive con reverencia, fe y sobriedad.

CONCLUSIÓN ESCATOLÓGICA: GEOPOLÍTICA, MILITAR Y CIENTÍFICA
«Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”
(Daniel 12:4)
La aceleración científica, tecnológica y militar no es casual. Vivimos: una carrera armamentista sin precedentes, avances médicos que prolongan la vida, tecnologías que alteran la relación entre vida, muerte y sufrimiento.
Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”
(Daniel 12:4)
“En aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán.” (Apocalipsis 9:6)
Esto no debe leerse como fantasía, sino como advertencia: la ciencia sin ética, el poder sin Dios y la tecnología sin límite no redimen al hombre, solo revelan su fragilidad.
Las señales no anuncian el fin inmediato, sino el tiempo de decisión. Jesucristo sigue llamando:
“Levanten la mirada.”
No para huir del mundo, sino para volver a Dios, vivir en fe, apartarse del pecado y caminar con esperanza hasta que Él se manifieste.

