
“Validación entre hombres”
El hombre patriarcal no baila para sí mismo: baila bajo la mirada que lo evalúa. Allí nace la identidad vigilada.
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez/ MAAP / Criminólogo, Periodista, Lingüista, Perito Forense Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Bombero profesional, Músico
Análisis Criminoantropológico
El presente análisis examina cómo determinadas expresiones culturales —como el baile en contextos musulmanes— se encuentran atravesadas por normas sociales, religiosas y morales que regulan el cuerpo, el movimiento y la interacción pública. Desde una perspectiva criminoantropológica, estas prácticas no se interpretan como conductas desviadas, sino como escenarios donde el control social formal e informal define lo permitido, lo vigilado y lo sancionado simbólicamente. De este modo, la cultura se convierte en un sistema vivo que, al mismo tiempo que preserva la identidad colectiva, establece límites que buscan proteger el orden moral de la comunidad.
En diversas culturas musulmanas, la masculinidad no es solo una condición biológica, sino una construcción social ritualizada, sostenida por prácticas colectivas donde el cuerpo del hombre se convierte en escenario político, moral y simbólico. Entre esas prácticas destacan las danzas masculinas tradicionales, como el dabke en Oriente Medio o el controvertido bacha bazi en Afganistán. Estas manifestaciones funcionan no solo como expresiones folclóricas, sino como mecanismos de validación patriarcal, donde la masculinidad se confirma frente a la mirada de otros hombres y no frente a mujeres.

es liberar al cuerpo humano del patriarcado.
Que el hombre pueda ser sin demostrar, que la mujer pueda existir sin ser escondida, que el cuerpo vuelva a ser lenguaje de libertad, no instrumento de control. MAAP
En estos rituales, la participación femenina está excluida no por razones estrictamente morales, sino porque el sistema patriarcal centra el linaje, la herencia y el apellido en el cuerpo del varón. Por ello, cualquier actividad que refuerce “la autoridad masculina” ocurre entre hombres y para hombres.

muestra cómo la masculinidad se construye entre la mirada de otros hombres, el rol social que se espera de ellos y la búsqueda interior de pertenencia.

El cuerpo se vuelve escudo, no juguete. MAAP
El cuerpo como símbolo tribal de masculinidad
En estas culturas, el cuerpo masculino se convierte en un vehículo para expresar:
– fuerza
– pertenencia
-disciplina
– continuidad del clan
– legitimidad frente al grupo
La mirada de otros hombres es el eje de la validación. Es en esa mirada donde se mide la hombría, se deposita el honor y se autoriza —o niega— la pertenencia al grupo.
El hombre no baila libre: baila evaluado.
La danza, lejos de ser un gozo espontáneo, se convierte en un examen público donde cada gesto reafirma su estatus dentro de un sistema patriarcal que vigila, premia, castiga y regula.

Pero cuando entendemos su lógica, vemos que es una teología del poder:
Dios–Tribu–Padre–Hijos.
El clan entero se organiza alrededor de quién domina el cuerpo de quién. MAAP
Lo que parece fiesta es, muchas veces, examen público: la masculinidad se mide, se pesa y se vigila entre hombres. MAAP
Tres aspectos o componentes clave de la identidad masculina
Este aspecto se refiere a cómo los hombres a menudo buscan la aprobación y el reconocimiento de sus pares masculinos para afirmar su masculinidad. Esta validación puede manifestarse en comportamientos competitivos, demostraciones de fuerza, habilidades o éxito, y en la conformidad con normas sociales masculinas.
La identidad personal
La identidad masculina también incluye la percepción interna que un hombre tiene de sí mismo, cómo se ve y se define en términos de género.

“En las danzas musulmanas tradicionales, el hombre actúa para ser aceptado; en las celebraciones LGBTI, el hombre baila porque ya se aceptó.”
— MAAP, Ideas Cómplices

1. Búsqueda de validación por otros hombres
La masculinidad, en estos sistemas, no se confirma interiormente, sino exteriormente.
Los hombres buscan aprobación de sus pares mediante:
– competencia
– demostraciones de fuerza
– coraje físico
– obediencia a las normas del clan
reiteración ritual de la virilidad
Lo masculino se convierte así en un performance vigilado por otros hombres, no un rasgo personal.
2. Identidad personal
La masculinidad también implica cómo el hombre se percibe a sí mismo dentro de ese marco cultural.
Incluye:
– sentido de pertenencia
– roles asumidos
– creencias sobre su deber como hombre
– autoconcepto influido por expectativas sociales estrictas
Cuando estas normas son demasiado rígidas, la identidad personal se ve absorbida por la obligación de “ser fuerte”, “no mostrar emociones” o “representar al clan”.
3. Rol o desempeño social
En sistemas patriarcales, ser hombre implica cargar roles culturales como:
– proveedor
– protector
– jefe
– líder
– estratega
– continuador del apellido
Estos roles son exigencias, no opciones, y la danza masculina ritual ayuda a reforzar la idea de que “ser hombre” es ocupar un lugar jerárquico dentro del grupo.
Otros componentes que moldean la masculinidad en este contexto
A. Expresión emocional reprimida: se espera fortaleza constante, lo cual produce violencia emocional e interpersonal.
B. Relaciones interpersonales controladas: se prioriza la lealtad masculina y se desconfía de vínculos que “ablanden” la identidad.
C. Normas de género rígidas: dictan cómo debe verse, actuar y sentir un hombre.
D. Autonomía e independencia: valores exigidos para demostrar autosuficiencia.
E. Sexualidad regulada: vista como territorio de control, reproducción y honor familiar.

Desde afuera, parece contradicción.
Desde adentro, es una guerra simbólica donde cada cuerpo demuestra su lugar en la tribu. MAAP
Por eso, la energía parece sexual a ojos occidentales:
porque la danza se convierte en performance de fuerza viril,
no en seducción femenina.
La masculinidad no se demuestra ante una mujer — se demuestra ante el patriarca. MAAP

Cuando el cuerpo es símbolo y no libertad
La danza masculina en culturas musulmanas es un espejo profundo del funcionamiento patriarcal: el hombre es evaluado, disciplinado y moldeado por otros hombres.
La ausencia de mujeres en estos rituales no es casual:
protege la estructura del clan, la herencia y el control masculino del territorio simbólico.
Comparación con las danzas y expresiones festivas de hombres LGBTI
En algunas culturas, los hombres no bailan para seducir mujeres:
bailan para conquistar el respeto de otros hombres. No es cortejo. Es jerarquía ritual. MAAP

La exclusión de la mujer no viene de “vergüenza”, sino de control.
En sociedades tribales antiguas, el cuerpo femenino simboliza linaje, herencia, sangre y continuidad del clan. Por eso se protege, se restringe y se encierra: no es sujeto, es recurso. MAAP

Lo que en unos es vigilancia, en otros es celebración. El baile queer no obedece linajes: libera almas.

El problema es el sistema que invisibiliza a la mujer y convierte al hombre en cárcel de sí mismo:
debe ser fuerte, dominante, agresivo…
porque el patriarca lo vigila.
Un hombre que baila así, está encadenado a la mirada de otros hombres. MAAP
A diferencia de las tradiciones patriarcales mencionadas, las prácticas festivas de hombres LGBTI funcionan desde un lugar completamente distinto:
1. Celebran la identidad personal y colectiva, no la vigilancia.
2. La danza es expresión libre, no examen de masculinidad.
3. El cuerpo no es un territorio político controlado por otros hombres, sino un espacio de autenticidad.
Conclusión
En suma, el estudio de estas prácticas culturales revela que ninguna expresión humana existe al margen de los sistemas de significado que la rodean. El baile, lejos de ser un simple acto recreativo, se convierte en un punto de encuentro entre identidad, moralidad y control social.
La mirada criminoantropológica permite comprender que lo “permitido” y lo “prohibido” no dependen del gesto en sí, sino del entramado simbólico que regula los cuerpos y sus modos de relacionarse. Allí donde una comunidad establece límites, también deja ver sus temores, sus valores y su aspiración al orden. Reconocer estas dinámicas no es juzgar la cultura, sino entender cómo cada sociedad negocia, protege y reproduce aquello que considera sagrado para su supervivencia colectiva.

Bibliografía
En español
Sedasde, L. (1999). La danza del varón, masculinidades y política en el mundo árabe.
Hirshkind, C. (2009). El sonido y la cultura moral. Ed. Mediterráneo.
En inglés
Ahaspa, L. (2019). Women and Gender in Islam. Yale University Press.
Platt, D. (2011). Bacha Bazi: Boy Play in Afghanistan. American Ethnological Society.

