El escorpión nunca cambia: pica al final.
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez MAAP / Periodista, Criminólogo, Lingüista y Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Músico y Bombero profesional.

algunas son estrategia.
Editorial: Ideas Cómplices
I. Origen: El desprecio como herencia
Hay heridas que no vienen de enemigos — vienen de la sangre equivocada.
No se trata de un conflicto aislado, ni de una anécdota familiar. Se trata de una estructura:
A. La vanidad como espada,
B. El orgullo como escudo,
C. y el menosprecio como lengua.
En los pueblos donde el apellido pesa más que la verdad, la familia se convierte en feudo emocional, y el amor se administra como capricho jerárquico.
– Ahí se hereda tierra,
pero no se hereda dignidad.
– Ahí se reparte ganado,
pero no se reparte memoria.
– Ahí se mide el valor de una mujer por el color de su marido, no por la fuerza de su camino. Mi madre lo vivió. » Yo lo aprendí en sus cicatrices».

II. La finca, el sello y el robo silencioso
Cada familia tiene un evangelio oculto.
El nuestro se escribió con ganado marcado, herencia adulterada, y el cuento del loco chino que “no iba a servir ni para vender agua de pipa”.
A mi madre le borraron el sello como quien borra identidad. No fue un error de herrería — fue una declaración de guerra silenciosa. Porque en tierras donde la vaca vale más que la hija, el patriarcado y la avaricia se disfrazan de tradición:
> “Lo que trabajó la mujer, lo reparten los demás.” En mi casa no entró riqueza heredada, entró silencio heredado. Y ese silencio duele más que cualquier pobreza. Porque la pobreza se cura con trabajo El silencio se cura con memoria.

III. Racismo rural: la piel como sentencia
Cuando mi madre se enamoró de un hombre negro, no encontró rechazo en el mundo — lo encontró en su propia sangre.
Las hermanas que deben proteger, se convirtieron en fiscales del color. Los sobrinos que deben abrazar, repitieron la burla como coro.
Alguien dijo viene: “la chombi chombi”, como quien escupe una verdad heredada. Y el destino respondió con ironía divina: ‘La niña nació más blanca y con ojos azules, que una promesa rota».
Ese día el racismo quedó desnudo: la piel no era el problema — era la envidia. El odio nunca nace del color del otro, sino de la sombra que ese otro proyecta sobre tu mezquindad.

IV. La teoría del escorpión
El regionalismo es un veneno elegante. No mata de frente — mata al final.
Sonríe en la fiesta, pero silencia tu nombre en la herencia. Abraza en público, pero niega tu existencia en privado.
El escorpión no pica cuando lo buscas — pica cuando lo olvidas. Cuando crees que es seguro. Cuando bajas la guardia.
La familia tóxica actúa igual:
– se acerca cuando te ve fuerte,
– te ignora cuando estás herido,
– y aparece cuando el escenario les conviene.
No para sanar, sino para confirmar su ausencia. Quien llega al final no cura la herida — solo confirma el abandono.

> Desde la blancura moral se puede ocultar el veneno.
V. Criminología del abandono
En criminología se estudia al agresor, pero pocas veces se estudia al agresor familiar:
– el que roba sin armas,
– hiere sin golpes,
– y mata sin sangre.
La violencia familiar es perfecta:
– no deja moretones — deja biografías rotas.
– Roba el ganado,
– pero sobre todo, roba la certeza de pertenencia.
– Niega tu apellido, pero sobre todo,
– niega tu derecho a existir sin vergüenza.
– Te llama loco, pero sobre todo, construye la profecía para que lo seas.
Ahí es donde entra la psicología simbólica: lo que una familia repite como broma, un niño lo carga como destino.

No toquen mi puerta ni la de los hijos de mi madre.
Una mujer llena de virtud,
que lloró, sudó y sangró para levantar sola a su familia
no merece visitas tardías ni excusas vacías.
Lo bailado no se elimina. MAAP
VI. Teología: La dignidad como frontera
Cristo no nació en finca.
Cristo nació fuera de la herencia.
La historia de Dios es, también, la historia del despreciado que se convirtió en centro. No fue protegido por su apellido, sino por su propósito.
1. La dignidad es frontera.
2. No es rencor — es protección espiritual.
3. Cerrar la puerta no es odio.
Cerrar la puerta es decir: > “Aquí no se repite el daño.”
4. El perdón no es permitir entrada.
5. El perdón es no cargar el veneno.
VIII. La victoria del “loco chino”
Y el silencio…el silencio es sentencia.

VII. La Trilogía: del dolor a la obra
Hoy no escribo para ellos.
Escribo para los que vivieron lo mismo:
– familias que se avergüenzan de tu esfuerzo,
– hermanas que repiten odio como costumbre,
– tíos que robaron como cultura,
– primos que aman el apellido pero odian el fruto,
– y herencias que se comen como pan robado.
Por eso nació esta trilogía visual:
I — Frontera
Familias tóxicas: No regresen donde nunca estuvieron. La puerta cerrada es dignidad.
II — Sentencia
Cuando el desprecio es origen, la dignidad es frontera. El silencio hace justicia.
III — Memoria
La memoria que se protege, no se repite. El futuro no hereda la herida.
A mí me llamaron “el loco”,
el que no hablaría,
el que no sería nada,
el que no tendría casa,
ni apellido,
ni historia.
Hoy firmo como: Marcos Aurelio Álvarez Pérez – #MAAP / Periodista, Criminólogo, Lingüista y Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Músico y Bombero profesional.
Editorial: Ideas Cómplices
Dicen que soy el loco. Y quizás lo sea:
– El loco que convirtió el veneno en libro.
– El loco que convirtió la burla en marca.
– El loco que convirtió la herida en enseñanza. El loco que fue de los caserones y las bolsas de ostomía, a la universidad, a la televisión, a la palabra escrita que ya nadie puede quitar. Eso no lo logra la herencia. Eso lo logra la memoria protegida.

IX. Cierre: Para quien sienta su piel arder
Hermano, hermana: si una familia te negó, déjame decirte algo que aprendí con sangre:
^ El amor que no te dieron, te lo puedes construir.
^ La identidad que te robaron, la puedes escribir.
^ La memoria que no te heredaron, la puedes crear.
Y cuando lo hagas, quien venga al final no viene a curar nada. Solo viene a demostrar que nunca estuvo.
No les abras la puerta.
No porque los odies — sino porque te amas. La dignidad es frontera. El silencio es sentencia. Y la memoria protegida no se repite.

