Y GENERA LA VIOLENCIA Y LA CRIMINALIDAD COMO CONDUCTA DELICTIVA
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez – MAAP / Criminólogo / Periodista / Lingüista / Perito Forense Experto en Análisis de Imagen y Contenido

16 de noviembre de 2025
Hoy, 16 de noviembre, Día del Criminólogo, levantamos la voz no para celebrar, sino para recordar lo que muchos prefieren ignorar: la criminalidad que hiere a nuestros países no nació en los barrios, sino en las élites que han convertido el poder en un botín.
La violencia que se condena en las calles es apenas la sombra del crimen organizado que opera en los palacios, donde la codicia política ha fabricado pobreza extrema, desigualdad, impunidad y miseria multidimensional.
Mientras los discursos oficiales maquillan la realidad y los medios venden la ilusión de naciones prósperas, millones de familias sobreviven entre ruinas, abandono y frustración —las verdaderas raíces del delito.
Y es allí donde la criminología cobra sentido: en desentrañar la Tríada del Crimen —ira, miedo y frustración—, el Iter Criminis, los factores sociales (endógenos y exógenos) que moldean la conducta y el daño profundo que dejan las estructuras corruptas que gobiernan y negocian el futuro de los pueblos.
Hoy, más que nunca, el criminólogo no es solo analista del delito, sino testigo del saqueo político, investigador de la verdad incómoda y defensor de un pueblo que paga los platos rotos del crimen que otros planifican desde arriba.
Rol del Criminólogo como Científico de la Conducta
El criminólogo es un científico social especializado en estudiar el comportamiento delictivo, sus causas y sus manifestaciones. Su misión es analizar los patrones de la delincuencia, comprender las motivaciones profundas y los factores psicológicos, sociales, económicos y culturales que llevan a una persona a transgredir la norma penal.
Desde la prevención del delito hasta la formulación de políticas públicas, el criminólogo aborda la violencia y el acto delictivo con una mirada interdisciplinaria: psicología, sociología, derecho, antropología y análisis estadístico. Su labor es tanto teórica como aplicada, combinando el estudio del comportamiento humano con estrategias reales de intervención, rehabilitación y reducción del delito.
“Cuando la corrupción política y empresarial se convierte en sistema, la sociedad deja de avanzar y empieza a degradarse:
los pueblos pagan con miseria lo que las élites cobran en privilegios.
La codicia de unos pocos está empujando al mundo hacia un futuro donde la desigualdad será la forma más cruel de violencia.” MAAP
Rol del Criminalista en la Escena del Crimen
El criminalista, en cambio, es el especialista técnico que trabaja sobre la materialidad del delito y la evidencia física encontrada en la escena. Su función es recolectar, documentar, analizar y preservar indicios: huellas, restos biológicos, armas, fluidos, patrones de sangre, trayectoria balística y cualquier elemento que funcione como prueba científica.
Su trabajo es fundamental para reconstruir los hechos y aportar evidencia objetiva que permita identificar a los responsables. Mientras el criminólogo estudia la mente y las causas del delito, el criminalista estudia la escena y los rastros dejados por él. Ambos roles son complementarios y esenciales para el entendimiento pleno del fenómeno criminal.

Violencia humana vs. delito criminológico
El delito, en cambio, no es un impulso momentáneo: es conducta planificada, sostenida, repetida y orientada, que construye un estilo de vida criminal.

Confundir violencia con delito es perder de vista las verdaderas raíces del mal.
La codicia política: la fábrica de la pobreza y del delito
La pobreza que hoy devora a tantos países no nace del destino, sino de la codicia política.

Durante décadas nos entretuvieron con el cuento de “izquierda vs. derecha”, pero la realidad es más cruda: cuando el poder se convierte en botín, ambos extremos terminan pareciéndose demasiado.

una clase política que por décadas ha actuado como una logia, repartiendo el Estado como botín y robando los recursos que pertenecen a todos.
La miseria no es casualidad: es el resultado de gobiernos que devoran a su propio pueblo con la codicia como arma». MAAP
Gobernantes que comen caviar mientras sus pueblos comen miseria; élites que se protegen entre sí como una logia; redes de corrupción que roban salud, educación, seguridad, empleo y futuro. Luego culpan al ciudadano por la violencia, cuando la primera violencia comenzó arriba, con el saqueo sistemático del Estado. Sus efectos es la desestructuración de la esencia más sustancial de cada sociedad: LA FAMILIA:
1. De familias sin ingreso, padres ausentes, madres solas, entornos hostiles y barrios desgarrados nacen niños en riesgo social que crecen en conflicto con la ley.
2. De la frustración nace la violencia.
3. Del abandono nace el delito.
4. Y del delito, los mismos políticos fabrican después el discurso del “país inseguro”, olvidando que el primer secuestro fue cometido por ellos: secuestrar el bienestar de la nación.

Hoy existen extremos ideológicos, sí.
Pero también existe algo más brutal: la extrema pobreza creada por ambos.
Los pueblos siguen pagando la cena que otros se sirven.
“La violencia nace de las pasiones humanas, de la Tríada del Crimen: ira, miedo y frustración.” — MAAP
La escena del crimen político
Lo más doloroso no es lo que comen los pobres, ni las muertes que padecen, sino lo que simboliza: gobiernos que devoran a su propio pueblo con la codicia como cuchillo.
La pobreza no es un accidente: es una herida abierta por décadas de corrupción de izquierda y derecha.
El crimen empieza arriba, cuando se roba el futuro de una nación.
La imagen de líderes banqueteando mientras el pueblo se desmorona no es nueva: está en la Biblia, en los tratados criminológicos y en la historia universal.

fue fabricada por la codicia de quienes gobiernan y negocian el país como si fuera una herencia privada.
Mientras ellos acumulan privilegios, el pueblo recoge los desechos de su corrupción.
La pobreza no es un accidente: es una decisión política.» MAAP
El hambre del pueblo siempre ha sido la firma criminal de la codicia política. Lo que nos obliga a ver lo que la política esconde: que ningún país se derrumba por la criminalidad del pueblo, sino por la criminalidad del poder.
La corrupción es un crimen sin ideología: es un sistema, una logia, un pacto silencioso donde las élites se reparten el Estado, mientras el ciudadano es reducido a súbdito.
Desde la criminología, la pobreza extrema no cae del cielo: nace de familias sin ingreso, frustraciones acumuladas, tejido social perforado
y décadas de saqueo institucional.
El delito que luego se condena en los barrios, primero se planificó en los palacios.
Desde la teología, la Escritura lo dijo sin rodeos:
“La raíz de todos los males es el amor al dinero.” No el dinero en sí, sino la codicia desmedida por dominarlo todo.
En un mundo polarizado entre “extrema derecha” y “extrema izquierda”, se olvida lo esencial:
cuando el poder se vuelve un botín, ambos extremos producen el mismo daño.

Pero jamás enseñan la otra mitad del país: la que vive entre ruinas, miseria y abandono.
Un país partido en dos… donde la riqueza se exhibe, y la pobreza se esconde como si no existiera.» MAAP

Y desde Crimen & Pecado, la lectura más cruda: cuando un político roba, no solo roba dinero; roba destino, futuro, seguridad, libertad y esperanza. Ese es el verdadero secuestro de una nación.
Este Día del Criminólogo no es celebración, sino advertencia: un país no se derrumba por la criminalidad del pueblo, sino por la criminalidad del poder.
Mientras los extremos ideológicos sigan ciegos a su propia podredumbre, existirá algo peor: la extrema pobreza fabricada por ambos.
La pobreza no nace del pueblo: nace del poder que roba. La codicia política destruye la estructura más sagrada de una nación:
la familia.
Cuando el Estado se vuelve botín, la sociedad completa se derrumba.
Amor al dinero = raíz del crimen
La raíz del crimen no está en la calle:
está en el corazón codicioso del hombre.
El amor al dinero destruye familias,
deforma conciencias y convierte a muchos en criminales que viven del delito y para el delito.
El delincuente de la pobreza vs. el delincuente de élite: dos orígenes, un mismo daño
1. El delincuente que nace en la pobreza
El infractor que surge desde la extrema pobreza suele ser producto de factores endógenos (personalidad, impulsividad, trauma, frustración, estructuras emocionales dañadas) y exógenos (escasez económica, entornos violentos, abandono, falta de educación, riesgo social, presión de pandillas y ausencia del Estado).
No delinque por codicia, sino por supervivencia, impulsividad, entorno y carencias estructurales. Lo empuja la vida, no la estrategia. Su delito es reactivo, desordenado, emocional y crudo: un reflejo del abandono social.
2. El delincuente de cuello blanco
El criminal de élite, pese a tener estudios, estabilidad, oportunidades, viajes, universidad, privilegio y apellido, comete delitos no por necesidad, sino por ambición planificada. Su crimen es estratégico, sofisticado, clínicamente ejecutado desde oficinas, ministerios, bancos y partidos políticos. Su delito no es reactivo: es corporativo.
Su motivación no es la carencia: es la codicia. Y su impacto es el más devastador: roba salud, educación, economía, seguridad, futuro y bienestar colectivo. El delincuente pobre afecta a pocos; el delincuente de élite afecta a toda la nación.

El delito en las calles es apenas la consecuencia visible de un cáncer más antiguo: la corrupción que, desde arriba, ha desmantelado el Estado, secuestrado los recursos públicos y condenado a generaciones enteras a la ira, el miedo y la frustración —la Tríada del Crimen que alimenta el ciclo de violencia.
Mientras la riqueza se concentra en pocos y la pobreza se multiplica en muchos, la criminología recuerda una verdad incómoda:
la desigualdad es una forma de violencia, y la miseria, una escena del crimen que se repite cada día.
Hoy, 16 de noviembre, no celebramos un título.
Recordamos una misión.
Somos criminólogos para desentrañar lo que otros ocultan, para analizar lo que otros manipulan y para señalar lo que otros temen:
que detrás de cada niño sin futuro,
cada barrio abandonado,
cada víctima sin justicia
y cada país fracturado,
hay decisiones políticas, no destinos inevitables.
La criminología no es solo ciencia es; 1. Conciencia.
2. Es memoria.
3. Es resistencia.
Porque mientras exista pobreza extrema generada por la codicia,
mientras exista impunidad protegida por élites, y mientras el poder siga devorando a los pueblos,
el criminólogo seguirá siendo la voz que denuncia, estudia y explica
el crimen que comienza donde termina la justicia.
Frase Bíblica para el cierre
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero.”
— 1 Timoteo 6:10
Una verdad que atraviesa siglos, sistemas y gobiernos:
no es la pobreza la que corrompe,
es la codicia de quienes gobiernan.

