Asesino Serial: “El Niño que Nunca Sanó: génesis del asesino serial”

Ciudad bella, alma rota

«Vivimos en una sociedad hermosa:
ciudades limpias, pueblos turísticos,
paisajes que encantan la mirada…

Pero en su interior habitan personas a las que ya nada les importa,
que reaccionan hipócritamente cuando la ira y la violencia estallan.» – Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Criminólogo, Periodista, Lingüísta, Perito Forense Experto en Análisis de Imagen, Músico, Bombero profesional, Pastor Callejero del Ghetto
#MAAP | Ideas Cómplices @amaapchino

La Ira, Frustración, Miedo, Celos, Envidia, y Problemas Psicoemocional no resueltos; Falta de Empatía y Remordimientos: Detonante Invisible del Crimen”

Durante los últimos cinco años, Panamá ha registrado una serie de homicidios con un patrón inquietantemente similar: las víctimas son privadas de libertad, asesinadas y sus vehículos aparecen incendiados en parajes solitarios. Estos casos —algunos ocurridos en provincias como Los Santos y Panamá Oeste— no parecen hechos aislados, sino manifestaciones recurrentes de una misma lógica criminal.

El modo de operar, la secuencia y la carga emocional detrás de cada escena revelan una firma conductual que trasciende el crimen común: una venganza ritualizada, ejecutada por un asesino con torcedura emocional, donde cada acto parece más un ajuste simbólico que un simple homicidio.

En este contexto, el presente análisis examina la posibilidad de que estemos frente a un asesino serial con motivaciones emocionales y moralizantes, cuya conducta responde a una “torcedura” psicológica y moral que lo lleva a proyectar en sus víctimas los símbolos de un daño personal no resuelto.

A continuación, se desarrolla el perfil criminológico de este tipo de agresor: traumas en su crecimiento (infancia), su naturaleza, patrón repetido, firma criminal y los elementos que permiten identificar su huella digital, emocional y simbólica.

«La conducta del adulto se revela desde la infancia, tal como enseña Proverbios 20:11.
El verdadero problema no es el niño que se desvía, sino el sistema que no lo ve: escuelas sin diagnóstico, instituciones sin seguimiento y un Estado ausente que deja crecer la herida.
Cuando esos niños viven en riesgo social o en conflicto con la ley, la omisión se convierte en complicidad.»

– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)
Ideas Cómplices  •  @amaapchino

El asesino no nace del mal puro, sino del abandono prolongado.
Fue niño antes de ser monstruo,
y la indiferencia fue su primera maestra.”
– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

«Detrás de cada mirada rota hay un niño observando desde el pasado.
El adulto solo carga el rostro; la herida sigue teniendo la edad del trauma.» – Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

Detrás de cada asesino serial hay una infancia que gritó en silencio. Muchos de ellos fueron niños golpeados, humillados o ignorados por un sistema que jamás los diagnosticó ni trató sus heridas emocionales. Crecieron aparentando normalidad, pero dentro de ellos se incubaba una torcedura moral y psicológica: un desajuste entre el dolor no resuelto y la necesidad de castigar al mundo que los quebró. Hoy, esa omisión colectiva se traduce en crímenes que estremecen a la sociedad que alguna vez los desatendió.

La siembra del maltrato

“Al ser humano que hoy humillas o maltratas,
mañana herirá tu vida, tu entorno familiar
y la esencia misma de la sociedad,
con la conmoción que provocan sus actos criminales.”

– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

«El niño que hoy es maltratado, mañana será el reflejo más oscuro de la sociedad que lo ignoró.
Nadie se libra del eco de su propio daño.» – Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

La génesis de la torcedura moral:

La torcedura moral y emocional no aparece de la nada: se gesta lentamente en la infancia, cuando la mente aún está aprendiendo a interpretar el dolor, la frustración y la pérdida. Un niño que crece en un entorno de humillación, abuso o indiferencia desarrolla mecanismos de defensa que distorsionan su percepción de la realidad. Lo que debió ser empatía se convierte en resentimiento; lo que debió ser afecto, en control. Así nace una grieta en la conciencia, una herida invisible que se alimenta del rechazo y la carencia afectiva.


De la emoción al síntoma:

En el terreno biológico y emocional, la violencia vivida o presenciada en la infancia altera los circuitos del miedo y del placer. El cerebro aprende a asociar la agresión con el poder y el dominio, y a confundir la sumisión con el amor. Este desequilibrio neuroemocional genera una personalidad fragmentada: por fuera, el individuo puede parecer funcional, incluso carismático; pero por dentro, arrastra un caos que se disfraza de normalidad. Su deseo de control es, en realidad, un intento de restaurar la dignidad perdida.

“La torcedura moral nace en la infancia, cuando el alma aprende a defenderse del dolor transformándolo en venganza.
El niño humillado no desaparece: se esconde dentro del adulto, esperando el momento en que alguien le recuerde su herida.
Entonces, lo que parecía normalidad se quiebra… y el pasado.

– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

La infancia que regresa:

Cuando ese niño herido se convierte en adulto, la herida busca escenarios para manifestarse. Las relaciones afectivas, laborales o sexuales actúan como espejos que le devuelven la imagen de su pasado. Basta un gesto de desprecio, una burla o una traición para reactivar el trauma original. En ese instante, la mente no distingue el presente del recuerdo: actúa con la furia de quien vuelve a ser humillado. El crimen, entonces, se convierte en una forma de equilibrio; una falsa justicia interior que intenta reparar el agravio inicial.



El ciclo que se repite:

La torcedura moral es, por tanto, la cristalización de una infancia que nunca sanó. Es el intento inconsciente de un alma rota por devolver el golpe que nunca pudo defender. En el asesino serial, esta fractura se ritualiza: cada víctima representa al verdugo original, y cada crimen, una venganza contra la impotencia infantil. Lo trágico es que en su mente la reparación nunca llega – solo el eco de un dolor que se repite con precisión obsesiva, bajo la máscara del castigo y la purificación.

«El payaso detrás del niño no siempre busca entretener: a veces representa la burla que marcó su infancia.
De esa risa forzada nacerá, años después, la sombra que la sociedad llama asesino.»
– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

Características del Asesino con torcedura emocional y su accionar criminal

1. Naturaleza
Hay una profunda torcedura por ciertas circunstancias.
Las víctimas servirán como representaciones de alguien o algo que el agresor juzga y castiga.

2. Patrón Repetido
Asfixia: controlar la respiración, dominar la vida de la víctima.
Desmembramiento: despedazar el símbolo, quebrar lo que representa.
Incendio del vehículo: borrar la historia, purificar la escena.

3. Firma Criminal
Secuencia de una conducta que el agresor repite para satisfacer una necesidad emocional.

– Masculino adulto (25-45 años), con capacidad de planeación.

– Descenso de la vida más frecuente en víctimas de homicidio.

– Asociado a jóvenes vinculados a servicios sexuales.

4. Deseo moralizante: castigar la transgresión.

– Investigación Requerida

– Análisis de cronología y patrón de casos previos similares.

– Conexión entre las víctimas.
Evidencia (accesos digitales, mensajes, frases digitales).


“La torcedura moral: génesis de la distorsión en la mente criminal”

– Analiza cómo se deforma la conciencia moral y se consolida el quiebre empático que antecede al crimen serial o ritualizado.

1. “Torcedura” en el contexto criminológico

El término “torcedura” (en inglés se usa “twist” o “distortion”) no se refiere a una deformidad física, sino psicológica y moral.
Designa un quiebre interno en la estructura de la personalidad, una desviación progresiva de la empatía, la moral y la percepción de la realidad.

En criminología conductual:

Es una torcedura cognitivo-afectiva, donde el individuo racionaliza la violencia como algo legítimo o necesario.

Esa distorsión lo lleva a reconfigurar su sistema de valores: lo que antes era un límite moral (matar, mutilar, quemar) pasa a ser un “acto justificado” dentro de su lógica.

En muchos asesinos seriales, esta torcedura se origina en experiencias tempranas de abuso, rechazo, humillación o pérdida, que más tarde se reactivan ante estímulos similares en las víctimas.

En resumen: la “torcedura” es una fractura moral y empática que reconfigura la conciencia del asesino, llevándolo a actuar bajo una ética propia y distorsionada.

2. Circunstancias asociadas a la “naturaleza” del asesino serial

«El niño que nunca sanó creció entre carencias biológicas, heridas psicológicas y un entorno social que no supo contenerlo.
Cada golpe, cada silencio, cada humillación moldeó al adulto que hoy la sociedad teme…
porque el monstruo que juzga fue, alguna vez, su propia creación.»
– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

Cuando se habla de la naturaleza del asesino serial, nos referimos al conjunto de factores internos y externos que alimentan su compulsión homicida.Estos son los contextos más comunes:

a) Motivacionales (internos)

Sentimiento de venganza o humillación (quiere castigar un arquetipo de persona).

Fantasías violentas recurrentes que sirven como mecanismo de compensación emocional.

Trastornos de personalidad antisocial, narcisista o límite.

Conductas sexuales desviadas o moralmente compensatorias (“purificación”, “castigo moral”).

b) Circunstanciales (externos)

Oportunidad para actuar sin vigilancia (zonas oscuras, víctimas vulnerables).

– Ambiente permisivo o desorganizado socialmente.

– Acceso a medios de coerción o transporte (vehículos, herramientas).

– Factores detonantes: ruptura amorosa, despido, humillación pública, enfermedad o pérdida.

La combinación de estos factores crea lo que en criminología se llama una tormenta criminógena: el punto donde la frustración interna coincide con la oportunidad externa.

3. Ejemplos de “accesos digitales, mensajes, frases digitales” como evidencia

En la era digital, los asesinos seriales dejan huellas conductuales electrónicas que reflejan su pensamiento y patrón de caza.
Algunos ejemplos:

a) Accesos digitales

Geolocalizaciones repetidas en zonas donde desaparecieron víctimas (historial GPS, Waze, Google Maps).

– Cuentas falsas o perfiles duplicados en redes sociales o apps de citas/servicios.

– Búsquedas específicas en navegadores: “formas de deshacerse de ADN”, “cuánto tarda en quemarse un carro”, “cómo evitar rastros forenses”.


b) Mensajes o frases digitales

Conversaciones en WhatsApp, Telegram o Messenger con lenguaje posesivo o amenazante (“si no eres mía, no serás de nadie”).

– Mensajes previos al crimen con contenido emocional intenso (“quiero verte una última vez”).

– Frases que revelan planificación o manipulación (“ya llegué al lugar, ven solo”).

– Publicaciones o comentarios en redes con contenido moralizante, punitivo o de autopercepción de justicia (“la gente inmoral merece su destino”).

Estas expresiones digitales permiten vincular la mente del agresor con el acto, mostrando su proceso de preparación, motivación y descarga emocional.

4. Análisis de la “conexión entre las víctimas”

Determinar si las víctimas están conectadas no es solo cuestión de coincidencias geográficas o de perfil.
Se realiza un análisis comparativo multivariable que abarca:

a) Conexión geográfica

– Lugares de desaparición, hallazgo y residencia.

– Rutas comunes de desplazamiento (trabajo, escuela, apps de transporte).

– Superposición de zonas de confort criminal (mapa geoperfilado del agresor).


b) Conexión conductual

– Rutinas similares: actividades nocturnas, uso de redes o apps específicas.

– Vínculos con un mismo grupo o entorno (laboral, sexual, académico).

– Reacciones similares frente a un tipo de relación o persona.


c) Conexión simbólica

Rasgos físicos o psicológicos parecidos (edad, vestimenta, rol social).

– Cada víctima representa el mismo “tipo simbólico” que el agresor necesita eliminar.

– En la mente del asesino, todas son “una sola víctima” replicada.


d) Conexión temporal

1. «Intervalos regulares o estacionales entre homicidios.

– Fechas con significado personal (aniversarios, rupturas, eventos que reactivan trauma).


2. “El precio de ostentar lo que no se tiene”


3. “Cuando la carencia se vuelve homicida”


4. “Crímenes nacidos de la envidia y la humillación”


5. “Señales del crimen: lo que el cuerpo calla”.

“Aun el niño es conocido por sus hechos,
si su conducta fuere limpia y recta.” Proverbios 20:11

Bibliografía de referencia

1. Análisis criminológico de los asesinos en serie — Alberto Pintado Alcázar. Editorial Dykinson, 2018. (Enfoque teórico-empírico sobre asesinos seriales, motivaciones, modus operandi, fase de fantasía y perfilación)


2. Asesinos seriales: el nacimiento criminal y su comportamiento — Brian Escobar Baltazar. Edición en español. (Concectando factores de trauma infantil, desarrollo emocional y comportamiento homicida)


3. Jack el Destripador y otros asesinos en serie — Ariadna Bielba. (Aunque más histórico-criminal, útil para entender patrones repetidos, firmas criminales y construcción de mito)


4. Las hijas de Juárez: un auténtico relato de asesinatos en serie al sur de la frontera — Teresa Rodríguez (y coautoras). Editorial Atria/Primero Sueño Press. 2007. (Para una mirada sobre crímenes seriales, violencia sistemática e implicación social)


5. El gran libro de los asesinos en serie — (Varios autores, compilación en español). Casa del Libro / True Crime. (Buena para consulta rápida de casos, perfiles y contextos)


6. Mentes que se pudren en el infierno — César Álcala Giménez da Costa. (Explora la psicopatología, trauma, estructura de personalidad destructiva; aunque menos específico de “asesino serial”, se conecta con la torcedura emocional)

7. Incidencia de la infancia en los asesinos en serie (Germán, R.; Universidad de la República, Uruguay, 2022). Explora cómo la infancia influye en la formación de asesinos en serie desde perspectivas psicoanalíticas, criminológicas y psicológicas.

8. Correlación entre el trauma infantil y la predisposición a asesinos en serie (Casas Parada, J.C.; 2021). Estudio que analiza si el abuso infantil se relaciona con motivaciones homicidas posteriores y el desarrollo de la conducta de asesinato en serie.

9. Asesinos en serie: un comparativo plurifactorial entre tres criminales colombianos (Ávila-Navarrete V.C.; Buitrago Bonilla L.T.; Alarcón Ávila D.S.; Universidad Católica Luis Amigó, Colombia, 2024). Analiza los factores biopsicosociales en casos de asesinos en serie latinoamericanos, combinando aspectos motivacionales, familiares y conductuales.

9. M. Rubio (2006). La faceta ignorada de la violencia juvenil: El caso de Panamá. Banco Interamericano de Desarrollo. Enlace: https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/La-faceta-ignorada-de-la-violencia-juvenil-El-caso-de-Panam%C3%A1.pdf

10. “Análisis de Situación de las violencias contra niños, niñas y adolescentes en Panamá” (SENNIAF, sin fecha exacta). Enlace: https://www.senniaf.gob.pa/wp-content/uploads/2019/04/SITAN-2018-web.pdf

11. “Estudio de psicología criminal sobre la violencia en Panamá” (Universidad de Panamá). Enlace: https://revistas.up.ac.pa/index.php/scientia/article/download/1939/1503/

12. “Escenarios de homicidios en Panamá 2015-2020: una evaluación estructurada del plan de acción…” (Universidad UMECIT). Enlace: https://repositorio.umecit.edu.pa/entities/publication/d7d41022-4cbf-4645-8240-080fabbbe391

13. “Escenarios de homicidios en Panamá Oeste entre 2018-2020” (revista UME CIT). Enlace: https://revistas.umecit.edu.pa/index.php/sc/article/download/1107/1978

14. Informe Estadístico Víctimas de Homicidios Julio 2025. Enlace: https://ministeriopublico.gob.pa/wp-content/uploads/Informe-Estadistico-de-Victimas-de-Homicidios-Julio-2025.pdf

«En la escena del crimen nunca está toda la verdad; solo fragmentos de una mente rota.
Los indicios hablan del acto, pero los detonantes revelan al ser humano detrás: ira, miedo, celos, envidia, frustración, abandono y deseo de control.
Allí, entre el fuego y el silencio, el crimen deja de ser un hecho… y se convierte en espejo de la condición humana.»
– Marcos Aurelio Álvarez Pérez (#MAAP)

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