Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez
Ideas Cómplices | #MAAP
Periodista | Criminólogo | Lingüista | Pastor Callejero del Ghetto ✍️

Soy el único culpable.
Cúlpame de todo lo que odias, de todo lo que ocultas.
Cúlpame de la muerte, del infierno, del diablo y sus demonios.
Cúlpame de la humanidad caída, de la miseria que lame tus calles,
de la hambruna que roe huesos de niños invisibles,
de las guerras donde la carne se vende como trofeo, de los hombres que trituran hombres por placer.
Cúlpame de las enfermedades que arrasan aldeas, de las plagas que llenan morgues, de las muertes que ni el llanto alcanza, de los abortos silenciados, de los homicidios que alimentan noticieros.
Cúlpame de los negociantes de la fe,
de los que se enriquecen con diezmos y ofrendas,
de los que levantan templos para sí mismos mientras el pobre muere en la esquina.
Cúlpame de que el diablo tenga más iglesias que discípulos genuinos.
Cúlpame a mí de cada mentira y cada manipulación,
de cada verdad secuestrada, de cada historia torcida para absolver culpables.

Cúlpame a mí de la indiferencia que voltea la cara ante el sufrimiento,
de las puertas cerradas mientras alguien suplica ayuda.
Cúlpame a mí de la destrucción de la tierra:
de ríos contaminados, de bosques talados,
de mares que tragan plástico y sangre,
de animales extintos por codicia humana.
Cúlpame a mí de la trata de personas, de la esclavitud moderna, de niños vendidos, mujeres explotadas, migrantes usados como moneda de cambio.
Cúlpame a mí de la violencia doméstica silenciada, de los golpes ocultos, de los gritos apagados por miedo.
Cúlpame a mí de los miles de millones de seres que han muerto de hambre, sepultados en el olvido de un mundo que exhibe su vanidad en esta era digital.
Cúlpame de los cuerpos escondidos en el matorral de lo que yo llamo “la Nueva Era Global”,
ese refugio hipócrita donde todos nos ocultamos para no cargar la culpa de la sangre que aún clama justicia desde la tierra que los cubre.

Cúlpame a mí del olvido voluntario de la historia,
de enterrar genocidios, de negar dictaduras, de justificar tiranías.
Cúlpame a mí de la hipocresía religiosa y política, de arrodillarme el domingo y explotar al pobre el lunes, de jurar por el pueblo mientras lo traiciono por debajo de la mesa.
Cúlpame de haber nacido.
Cúlpame de esa creación maldita que se le escapó a Dios, creado pero en su sabiduría infinita.
Cúlpame de haber nacido en maldición.
O+ Cúlpame también de cada pecado capital, porque yo soy todos ellos y ellos viven en ti:
Lujuria: yo soy quien mira con deseo torcido mientras predica pureza.
Gula: yo soy quien engulle sin hambre mientras otro se muere de sed.
Avaricia: yo soy quien guarda el oro mientras llueven lágrimas ajenas.
Ira: yo soy quien quiebra corazones con palabras afiladas.
Pereza: yo soy quien no actúa, quien deja que el mundo arda mientras bosteza.
Soberbia: yo soy quien se cree justo mientras pisotea lo pequeño.
Envidia: yo soy quien llora por lo ajeno y siembra veneno en el alma.
Y ahora mírame, mírate.
Odiame si quieres.
Desahógate contra mí, que soy el único culpable,
el rostro que refleja el tuyo en este espejo.

Odíame con el mayor de los odios,
enciende un carbón del infierno en tu doble moral,
hazme cenizas si eso calma tu conciencia.
Pero al final…
cuando tu odio se apague, verás que en mi rostro estaba el tuyo.
Soy el hijo de Adán, el que se perdió en el ADN.
He viajado por miles de siglos, he conquistado naciones,
he participado en conspiraciones que hoy te dan miedo,
que infringen las leyes y derrotan tu alma.

Soy ese ADN que está dentro de tu conciencia,
que al final del día te dice lo bueno y lo malo que has hecho,
y las omisiones que preferiste hacer o cometer
por lucir solamente tu vanidad,
tu falsa dignidad, imagen y reputación,
por encima de todos, de tus egos y de tu amor al dinero.
Sí, soy ese hijo perdido de Adán
que ha viajado hasta este último punto y aparte.
Mírate en el espejo del único culpable de tu miseria humana.
Discúlpame… a mí.
Soy un error en el diseño del creador, que no debió nacer, como aquel abortivo que es más feliz porque nunca vio la luz.
Yo soy el error de esa miseria humana que te persigue, desde el momento en que sentistes miedo y vergüenza y te escondites de la presencia del Creador Perfecto e Invisible.
Yo soy el único culpable. Y tú también.
