Un pacto espiritual de Amor: El Bambino de Mako

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Criminólogo, Lingüista, Perito Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Músico, Bombero, Pastor Callejero del Ghetto

«Y los niños crecieron…» (Génesis 25:27)

Hoy lo vi manejando. El volante entre sus manos ya no es solo parte de un proceso de aprendizaje;
es símbolo de lo que ha comenzado: el viaje hacia su propio destino.

No me percaté en qué momento dejó de ser niño. Pero la Palabra lo había anticipado: “Y los niños crecieron…”

Pensar que lo tomé en mis brazos apenas tenía dos días de nacido. Recuerdo esa voz de Dios hablándome al corazón: «Tómalo, levántalo y guíalo.» Y yo obedecí, sin comprender aún la dimensión de ese encargo divino.

Hoy lo veo al volante, y no solo conduce un auto: conduce su historia, su identidad, su llamado.
Y yo sigo aquí, no como sombra, sino como raíz. Porque el ADN de su espíritu lo llevo incrustado en mi ser. Porque a veces, los hijos no nacen del cuerpo, sino del alma.

Y el amor que nace del alma, no caduca con el tiempo, se convierte en legado.

Marcos Aurelio Álvarez Pérez
El Pastor Callejero del Gueto
#MAAP

Mi Mentor: Ideas Cómplices

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