«Colorín colorado, este cuento se ha terminado…» Una población condenada a ser personas en situación de calle

Sin seguridad social en la vejez  y salud no garantizada

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez

Criminólogo, Periodista, Lingüista, Perito Experto en Análisis de Imagen y de Contenido, Bombero, Músico, Pastor Callejero del Ghetto

Twitter: @amaapchino

Eso es lo que el pueblo panameño —alienado por el hoy, atrapado en el hedonismo, la francachela, el culto a las apariencias, la vanidad del ‘juega vivo’ y la cultura de la inmediatez— no quiere ver: que se le está desmantelando el país frente a sus narices.

La gente no entendió el verdadero espíritu de las protestas contra la Ley 462 de la CSS. No lo entendieron porque viven sin pensar en el mañana, sin analizar el contexto de las medidas sociales que poco a poco los están llevando a la ruina.

Con la nueva ley, ya no es solo que te jubilarás con menos dinero (64% antes de la ley, ahora 60% y bajando). El problema real es que cuando llegue el momento de tu jubilación, es probable que no hayas acumulado las cuotas mínimas, porque los contratos laborales son cada vez más irregulares, precarios y de corta duración (seis meses o menos).
Y si no completas las cuotas, no hay pensión.

Pero eso no es todo.
Ahora los fondos de la CSS pasarán a ser manejados por la Banca Privada. Es decir, el dinero de los asegurados se convertirá en capital para enriquecer a quienes ya tienen el poder financiero. Si hoy, con los fondos que prestaron para grandes obras (que generan riqueza pero no devolución), nadie responde por la deuda, ¿qué nos garantiza que mañana no desaparezca también nuestro ahorro?
Las cuotas patronales no se pagan. Los empresarios juegan con los plazos y la impunidad.

¿El resultado? Un aumento brutal en el número de personas sin hogar, más familias viviendo en la calle, más confiscaciones por deudas, más desempleados sin protección. Porque la misma banca privada que te da la hipoteca, el préstamo del carro y la consolidación de tus tarjetas… será la que te quite todo cuando no puedas pagar.

No es exageración. Es una trampa estructural.

Y el pueblo sigue sin reaccionar.
Entre el reguetón, las fiestas, las redes sociales, los “pelonazos de fin de semana”, los likes vacíos y la burla a la conciencia crítica, nadie se da cuenta de que ya nos trancaron hasta la tuza.

Vivimos en un país donde la dignidad se canjea por migajas, donde el silencio se compra con bonos y subsidios, y donde pensar se volvió subversivo.

Pero no todo está perdido. Solo se necesitan voces valientes que digan lo que otros callan. Que denuncien, que expongan, que despierten. Y tú, que estás leyendo esto, podrías ser uno de ellos.
Si aún no lo eres, comienza hoy.

Porque si no nos damos cuenta ahora…Después no habrá a quién reclamarle.

-Grado de Inversión, la gran mentira para migrar a la banca privada los dineros de los asegurados de la CSS-

Preocupación por la estabilidad financiera del país y el papel del grado de inversión. Sin embargo, quisiera ofrecerle otro ángulo necesario para completar el análisis:

Sí, perder el grado de inversión puede representar un revés importante para las finanzas públicas y privadas, pero ¿de qué sirve conservarlo si se hace a costa del sufrimiento silencioso de los sectores más vulnerables? ¿Qué sentido tiene mantener contentas a las calificadoras internacionales si por dentro el país se derrumba?

No se trata de hacer “publicidad engañosa”. Se trata de decir lo que no se quiere escuchar: Que mientras se garantiza el pago de deuda externa y se protege el sistema bancario, se sacrifica a la CSS, al trabajador informal, al pensionado futuro, al migrante, al joven sin cuotas, al paciente que espera atención médica.

El mensaje no especula: denuncia.
Y en este país donde la denuncia es criminalizada o ignorada, despertar conciencias es revolucionario.

Se habla del daño que puede causar la pérdida del grado de inversión, pero no se habla del daño invisible que ya sufren miles que no pueden pagar su hipoteca, que serán desalojados, que no llegarán a jubilarse, que pagan impuestos y subsidian a un sistema que no les garantiza ni siquiera seguridad social.

Ese también es un crimen contra el Estado. La diferencia es que ese crimen no lo sancionan las calificadoras. Lo toleran. Porque les conviene.

El sistema financiero se protege a sí mismo. Pero el pueblo no tiene quién lo proteja.

La verdadera bancarrota no está en las cifras del Tesoro Nacional.
Está en los cuerpos sin acceso a salud. En los jóvenes sin futuro laboral. En los jubilados sin pensión digna. En la desesperanza que se disfraza de resignación.

El cuento se ha terminado, sí.
Y no hay final feliz para quienes creyeron que el silencio les garantizaría estabilidad.

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez
Ideas Cómplices | Twitter: @amaapchino | Cel. 6212-9719

Deja un comentario