
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez/ Periodista, Criminólogo, Lingüísta Experto en Análisis de Imagen, Bombero, Pastor Callejero del Gueto y Músico / #MAAP
Ambos encarnan el narcisismo desbordado, el desprecio por las instituciones, la necesidad de adulación ciega y el uso del poder como espectáculo. Nerón incendió Roma y culpó a otros; Trump incendia la geopolítica global y señala enemigos imaginarios. Uno con una lira, el otro con decretos, pero ambos con el mismo eco tiránico de destrucción disfrazada de grandeza.
Los ciudadanos de Estados Unidos actúan ahora mismo como avestruces con la cabeza enterrada, ignoran que el fuego ya les quema los pies. La ola de crisis que se avecina estallará antes de que termine abril, y su causa será evidente: un gobierno guiado por el orgullo, el desprecio por el derecho y la ausencia de empatía.
No es el Anticristo esperado, sino una parodia del que vendrá, del verdadero.

El estilo opresivo y errático de gobierno bajo Donald Trump está desmontando los pilares legales e institucionales de los Estados Unidos, arrastrando al mundo hacia una peligrosa deriva de caos comercial, inestabilidad geopolítica y oscuras ambiciones globales.
1. La democracia, solo en el nombre
Lo único que le queda a Estados Unidos de democracia es el nombre de su sistema electoral. Bajo el mandato de @realDonaldTrump, la nación que alguna vez lideró el mundo como faro de libertades se ha convertido en una caricatura de sí misma, asemejándose cada vez más —y con alarmante rapidez— a los regímenes autoritarios más infames de América Latina.
2. Violación de la pirámide jurídica de Kensel.
Trump gobierna por decreto, vulnerando la jerarquía de las normas del derecho estadounidense. Esta pirámide legal —encabezada por la Constitución, seguida por tratados internacionales, leyes federales, decretos ejecutivos, regulaciones administrativas, leyes estatales y ordenanzas locales— ha sido violentada e invertida. Los decretos sustituyen el debate legislativo y anulan el equilibrio de poderes.
3. Psicología del desastre
La inestabilidad emocional y psicológica con la que Donald Trump conduce el gobierno pone en riesgo no solo a EE.UU., sino al mundo entero. Lejos de frenar esta deriva, sus ministros y asesores del Pentágono le refuerzan en una cruzada de ideas desquiciadas. El resultado: caos económico, diplomático y social.
4. El pueblo del avestruz
Mientras tanto, la población permanece ajena, atrapada en la banalidad del entretenimiento digital. Como avestruces con la cabeza enterrada, ignoran que el fuego ya les quema los pies. La ola de crisis que se avecina estallará antes de que termine abril, y su causa será evidente: un gobierno guiado por el orgullo, el desprecio por el derecho y la ausencia de empatía.
5. ¿Un nuevo orden oscuro?
Tal vez, sin saberlo, Trump esté allanando el camino hacia un nuevo orden mundial. Una figura oscura podría surgir prometiendo “paz y seguridad”, pero trayendo bajo el brazo una falsa prosperidad comercial. La historia, sin duda, juzgará este período como una de las traiciones más graves a la democracia moderna.
En el contexto jurídico de Estados Unidos (y aplicable en general a sistemas democráticos con jerarquía normativa), esa estructura piramidal se conoce como «la jerarquía de las normas» o «la pirámide normativa de Kelsen», basada en principios del Derecho Constitucional y el Federalismo. Aunque no tiene un nombre único oficial como en algunos países de tradición jurídica civil (como la «Pirámide de Kelsen»), su estructura es clara y reconocida:
1. Constitución de los Estados Unidos – Norma suprema del país.
2. Tratados internacionales – En pie de igualdad con las leyes federales, pero subordinados a la Constitución.
3. Leyes federales – Aprobadas por el Congreso.
4. Decretos ejecutivos (Executive Orders) – Emitidos por el presidente, deben respetar la Constitución y las leyes federales.
5. Regulaciones administrativas – Normas emitidas por agencias del gobierno.
6. Leyes estatales – Incluyen constituciones, leyes y regulaciones de cada estado.
7. Ordenanzas locales – Emitidas por municipios o condados.
Tal vez, sin saberlo, Trump esté allanando el camino hacia un nuevo orden mundial. Una figura oscura podría surgir prometiendo “paz y seguridad”, pero trayendo bajo el brazo una falsa prosperidad comercial.

La Biblia dice: «Aquel rey pues hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios, y contra el Dios de los dioses proferirá cosas espantosas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira, porque lo decretado se cumplirá. 37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del deseo de las mujeres, ni respetará a dios alguno, porque se engrandecerá a sí mismo por sobre todas las cosas». Daniel 11: 36-37
Recuerda: El sistema del Anticristo es homosexual LGTBQ, opuesto a la imagen del hombre y mujer creados por Dios; Trump y tú estás contra esa comunidad, lo único acertado que has hecho al proteger la dignidad humana de las nuevas generaciones, para que no caigan en la industria criminal de las cirugías plásticas y las farmacias de hormonas (Cambio de Identidad de Género que acaban en suicidios).
Reflexión:
Lo que se pierde en nombre del poder rara vez se recupera sin dolor. Estados Unidos se juega más que su liderazgo: se juega su alma.
Lo que verdaderamente esconde Donald Trump detrás de su estilo tiránico de gobierno no es solo un desdén por la institucionalidad democrática, sino una agenda de reconfiguración del poder global a favor de intereses ultranacionalistas, corporativos y desregulados. Su guerra comercial, disfrazada de patriotismo económico, ha sido en realidad un ataque sistemático a los principios del multilateralismo y el equilibrio económico global.
Trump inició su cruzada imponiendo aranceles indiscriminados que llegaron hasta el 245% contra productos clave de China, generando una escalada de represalias que afectó a decenas de países. Entre los primeros blancos estuvieron Canadá —con quien destruyó décadas de estabilidad comercial al agredir el Acuerdo de Libre Comercio—, México —a quien chantajeó con tarifas para forzar políticas migratorias—, y la Unión Europea, a cuyos productos agrícolas e industriales castigó para alimentar su retórica aislacionista. Incluso Panamá, con su Canal interoceánico, fue víctima indirecta de este conflicto, al verse afectada por la caída del tránsito y la incertidumbre en los mercados de transporte marítimo. Corea del Sur, Japón, Brasil, Alemania y hasta aliados históricos como el Reino Unido fueron empujados a una guerra arancelaria de múltiples frentes.

El impacto de esta política ha desestabilizado no solo las relaciones bilaterales, sino el propio sistema financiero internacional. La Organización Mundial del Comercio (OMC), otrora árbitro confiable de las disputas económicas, ha sido desacreditada, obstruida y atacada desde dentro por el propio gobierno estadounidense. Las sanciones y presiones unilaterales impuestas por Trump han debilitado el rol regulador de la OMC, desmantelando el sistema que sostenía el libre comercio global desde Bretton Woods.
En paralelo, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha sido objeto de ataques y presiones sin precedentes por parte del Ejecutivo. Trump exigió recortes de tasas de interés a golpe de amenazas públicas, manipulando políticamente una institución que históricamente ha sido independiente. Este asedio ha generado desconfianza en los mercados y ha puesto en jaque la capacidad de Estados Unidos para sostener su papel como garante de estabilidad económica global.
Las consecuencias no se han hecho esperar: el fantasma de una recesión global se cierne sobre las economías más vulnerables, mientras los capitales migran en pánico hacia activos refugio. La inflación, el desempleo y el estancamiento productivo comienzan a perfilarse como la tormenta perfecta. El mundo está pagando el precio de un narcisismo político encarnado en un hombre que se cree emperador del siglo XXI, coronado no por la legitimidad, sino por el miedo, el caos y la manipulación.
En su delirio mesiánico, Trump no solo amenaza a su país: dinamita los pilares de la geopolítica contemporánea, resucitando fantasmas de imperialismo, proteccionismo y hegemonía que creíamos superados. Si no se contiene esta deriva autoritaria, el mundo no solo enfrentará una recesión económica, sino una involución histórica sin precedentes.

Donald Trump, escúchalo bien: no eres el anticristo, aunque tu soberbia, tu ambición desmedida y tu desprecio por todo lo sagrado te hacen parecer un eco anticipado de aquel que está por venir. Como lo anunció el profeta Daniel, se levantará un rey que hará su voluntad, que se engrandecerá sobre todo dios, y que proferirá palabras espantosas contra el Dios de los dioses. Él prosperará hasta que se cumpla el tiempo del juicio, porque así ha sido decretado. No hará caso del Dios de sus padres, ni del deseo de las mujeres, ni de dios alguno; se exaltará a sí mismo sobre todo. Y aunque tus actos actuales parezcan seguir ese patrón, debes saber que el verdadero cumplimiento aún está por manifestarse. Tú, Donald, solo eres una señal de que los tiempos finales se acercan. Tu trono, tu oro y tu poder son efímeros frente al juicio eterno que se avecina.
Que no siga jugando a ser un #EmperadorNerón o #Nabucodonosor, que acabará comiendo hierva como las bestias del campo.
Hashem aún gobierna en la tierra.