El tiempo del hombre ante la formula cósmica de la Eternidad de Dios

Palabras claves: Tiempo humano; Eternidad; Formula Cósmica; ADN; Espiral de Extensión

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez
Pastor Callejero del Gueto, Periodista, Criminólogo, Lingüista, Experto en Análisis de Imagen, Bombero, Músico y Profesor

«El tiempo no es eterno; la eternidad es un concepto que explica a la mente humana, el infinito cósmico de Dios; Principio y Fin encapsulado en una espiral de expansión y retorno, inevitablemente dando inicio a otra serie de ciclos cósmicos en secuencias interminables».
Marcos Aurelio #MAAP

El ser humano es una micropartícula de tiempo frente a la formula cósmica de la Eternidad

A. El tiempo


El tiempo terrenal frente a la eternidad puede conceptualizarse como una fórmula cósmica en la que el tiempo finito que experimentamos en la vida física representa solo una fracción diminuta de una línea infinita. En esta «fórmula», el tiempo terrenal podría simbolizar la variable o el límite dentro del contexto de la eternidad, que actúa como una constante inmutable y sin fin. La relación entre ambos invita a reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la existencia, el propósito y el destino del ser humano, ya que lo terrenal parece efímero en comparación con la vastedad del universo y la eternidad.

B. La Eternidad


Explicar la eternidad a la mente humana en una medida cósmica es desafiante porque nuestra percepción del tiempo está profundamente arraigada en experiencias finitas. Sin embargo, se puede intentar mediante metáforas y analogías que dilaten nuestra comprensión del tiempo.
Imagina el universo como una vasta arena infinita. Cada grano representa un momento en el tiempo. Si tomamos una sola partícula de esa arena y la comparamos con el número inconmensurable de granos restantes, podríamos empezar a entender cómo el tiempo terrenal es solo un instante insignificante frente a la eternidad.

El ADN explica la formula del tiempo cósmico de la Eternidad de Dios

Otra forma es pensar en la eternidad como un círculo sin principio ni fin. A diferencia del tiempo lineal que conocemos, que tiene un inicio y un final, la eternidad es cíclica o infinita, sin bordes que la limiten. Para visualizarlo a escala cósmica, podríamos imaginar el ciclo de vida y muerte de las estrellas en el universo: nacen, mueren y se regeneran en formas nuevas, pero el proceso en su conjunto no tiene un punto final.

Sinopsis:

El ADN del ser humano, esa compleja secuencia genética que determina su biología y su paso por la vida, refleja la temporalidad y finitud inherentes a la existencia humana. A diferencia de esto, la esencia de Dios es eterna e infinita, trascendiendo las limitaciones de tiempo y espacio. Mientras el hombre está sujeto a un ciclo biológico que marca su nacimiento, crecimiento y muerte, el Creador opera en una dimensión cósmica de eternidad, sin principio ni fin. Esta tensión entre lo temporal y lo eterno invita a reflexionar sobre cómo la naturaleza finita del ser humano es un reflejo imperfecto de la perfección y eternidad de Dios, quien otorga sentido y propósito a la vida finita. En última instancia, la existencia del ser humano puede entenderse como un pasaje, limitado por el tiempo, pero destinado a un plan divino que trasciende las fronteras de lo físico y lo mortal.


C. Arena del desierto


Sí, la comparación con una vasta arena astronómica es una poderosa metáfora para conceptualizar la eternidad. Si imaginamos el cosmos como un desierto interminable de arena, cada grano representa un evento, una estrella o un instante en el tiempo. Sin embargo, esta «arena astronómica» no tiene límites, su vastedad supera nuestra capacidad de comprensión, extendiéndose más allá de lo observable y lo imaginable.
En esta analogía, un grano de arena sería como el tiempo terrenal que conocemos: breve, tangible y limitado. Pero cuando lo comparamos con la vasta extensión de la arena cósmica —que representa la eternidad—, nos damos cuenta de la insignificancia de ese único momento frente a un campo infinito de tiempo y espacio.


La «arena astronómica» en este sentido simboliza lo eterno, donde no hay un principio ni un final, y cada grano, cada estrella, galaxia o acontecimiento, es solo una pequeña parte de un todo infinito que escapa a la comprensión humana.


Citas Bíblicas que contextualizan la formula del tiempo finito del hombre frente a la formula cósmica de la Eternidad de Dios:

El tiempo del hombre está limitado matemáticamente, el de Hashem es la sustancia de su ser infinito.
  1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Génesis 1:1
  2. En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Juan 1:1-2
  3. Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin. Salmos 102:25-27
  4. Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que {ya} pasó, y {como} una vigilia de la noche. Salmos 90:4
  5. Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 2 Pedro 3:8
  6. ¿Son tus días como los días de un mortal, o tus años como los años del hombre, Job 10:5
  7. He aquí, Dios es exaltado, y no {le} conocemos; el número de sus años es inescrutable. Job 36:26
  8. No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Corintios 4:18
  9. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. Romanos 1:20
  10. Señor , hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy. He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo. (Selah) Salmos 39:4-5
  11. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A El {sea} la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. 2 Pedro 3:18

El ADN humano es una metáfora que explica la formula cósmica de la Eternidad:


Una metáfora que explica esa relación entre el tiempo finito del hombre frente a la Eternidad de Dios, es su ADN; sugiere una conexión entre la composición atómica del ser humano y la naturaleza divina, estableciendo que, debido a que el hombre está formado por partículas semejantes a las de su creador, posee un “ADN de Dios”.

Estos elementos poseen una idea que pueden ser interpretados filosófica o teológicamente, pero desde una perspectiva científica y lógica, el término “ADN de Dios” es más metafórico que literal.

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás  comer; mas del árbol  de la ciencia  del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, de cierto morirás. Génesis 2:16-17

Una conexión interrumpida solo por el evento de la muerte. Génesis 3:22

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre (…) Génesis 3:22

Análisis lógico de la tesis:

  1. Réplica de partículas atómicas:
    Desde el punto de vista científico, los seres humanos están formados por partículas subatómicas como protones, neutrones y electrones, que son las mismas en todo el universo, incluidas las estrellas, planetas y cualquier otra forma de materia. En este sentido, la idea de que el hombre comparte la misma estructura fundamental que el resto del cosmos tiene lógica en el plano físico.
  2. ADN de Dios:
    El ADN es un concepto biológico que define las instrucciones genéticas de los seres vivos. Al afirmar que el hombre tiene el “ADN de Dios”, empleo una metáfora que busca expresar que el hombre comparte características esenciales con su creador, según una perspectiva teológica. Esta afirmación podría basarse en el concepto bíblico de que el hombre fue hecho “a imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1:26-27).
    Sin embargo, desde una perspectiva científica, el ADN es exclusivamente biológico y no puede transferirse a un ser divino o metafísico. Por lo tanto, esta parte de la tesis se sostiene en el terreno de la interpretación espiritual, más que en el de la lógica científica.
  3. Referencias bíblicas y su relación con la tesis:
    El pasaje de Génesis 3:22 habla de que el hombre ha llegado a ser “como uno de nosotros” al conocer el bien y el mal, sugiriendo una cierta similitud entre el ser humano y Dios en términos de conciencia moral y capacidad de discernimiento. Esto refuerza la idea de que el hombre comparte algo con su creador, lo que podría ser interpretado como parte de ese “ADN de Dios”, entendiendo el ADN en un sentido metafórico o espiritual.
  4. Este versículo también implica una advertencia: aunque el hombre ha adquirido conocimiento, aún no es inmortal como Dios. Esto sugiere límites a esa semejanza.

Conclusión:
Esta tesis tiene lógica desde una perspectiva teológica y filosófica, donde las metáforas son fundamentales para describir realidades que van más allá del mundo físico. Sin embargo, en términos científicos, la idea del “ADN de Dios” debe entenderse simbólicamente, ya que la biología no puede aplicarse literalmente a un ser trascendente.

En conclusión la eternidad se podría comprender como un estado sin tiempo, donde los conceptos de inicio y fin desaparecen.

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