Causa tristeza la miseria humana

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez Periodista~Criminólogo

Pregunto ¿La situación de indiferencia y la búsqueda del interés propio y egoístas y no del bien común de todos que vivió el país 13 años después de su enmanicipación de Colombia, seguirá vigente hoy? Será que esa indolencia de 1903 a la fecha, es la que hoy sume al país en una vorágine criminal de tanta corrupción que existe y nadie reacciona para decir basta ya.

Eusebio A. Morales describió el proceso de decadencia que vive el pueblo panameño desde que se independizó de España y se separó de Colombia, así: «Panamá, país nacido a la vida independiente sin luchas y sin sangre, sin actos de heroísmo y sin el sacrificio de ningún mártir, se encontró súbitamente disponiendo de un bien que no ha conquistado con su esfuerzo y, es natural que todavía hoy, trece años después de la independencia, este bien inestimable no sea apreciado en todo su valor. Aún entre los mismos promotores del movimiento de separación había hombres que no creían en la permanencia de lo que estaban fundando y para quienes lo esencial era resolver un problema económico inmediato y personal, más bien que reconocer el espíritu u consagrar la existencia de una nacionalidad».

La respuesta es: Siempre ha prevalecido entre los círculos oligarcas el hacerse de los beneficios materiales y políticos de la independencia, usufructo de unas pocas familia panameñas que se han repartido las tierras y ahora los ingresos del Canal de Panamá.

Ante esa miseria humana de políticos y oligarcas, Eusebio al identificar el espíritu de corrupción que los mueve les regaló este pensamiento:

«Yo soy enemigo de dar explicaciones de mi conducta. A mi me causan tristezas los hombres que a cada instante le estén dando informaciones al público sobre lo que hacen o no hacen, con el fin de responder a cargos pueriles o graves, manifiestamente injustos y apasionados. Yo ni explico ni me defiendo. Hay dentro de mí un testigo superior que sabe lo que hago, lo que soy y lo que merezco, y mientras ese testigo esté satisfecho, la voz de los calumniadores, la baba de los envidiosos, la ira de los necios y los estúpidos, en nada alteran la serenidad de mi espíritu. Yo me considero muy por encima de toda esa morralla asquerosa que surgen en las democracias embrionarias y que tratan de hacerse sentir, mordiendo furiosamente a todo ser humano que tiene algún mérito; y aún así en la humildad de mi vida, tengo para todas esas gentes la única respuesta de mi desprecio y mi silencio».

Eusebio A. Morales.

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