Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminológo
La ingratitud es como la llama ardiente del infierno que quema como retama del desierto todo bien realizado, ante ella se suspira y sólo se espera la recompensa eterna.
El corazón ingrato sirve solo a sus intereses, y se vale de cualquier método para ignorar el favor recibido.
