Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminológo
Un buen líder influye ante sus seguidores por su comportamiento (manejo de emociones y pensamientos pro-activo) y el logro de las metas en equipo.
Un líder efectivo no impone criterios, más bien los comparte, persuade a sus seguidores a través de mecanismos pertinentes de comunicación para la adquisición de compromisos y la lealtad al equipo.
Los líderes que trabajan bajo amenaza para procurar del equipo la realización de tareas o asignaciones, demuestran con esto que son débiles y carecen de adecuadas estrategias de dirección y comunicación.
Los líderes conocen a cada uno de sus seguidores: sus habilidades, competencias, limitaciones y temores.
El líder eficaz escucha a su equipo y es empático a sus necesidades, no acumula, ni retiene información como señal de poder y control, más bien la comparte de manera transparente y responsable.

En fin, ser líder es inspirar en otros la manera de ser y actuar, de modo que su legado personal se replique por mil en otras generaciones.

Un líder genuino posee: ideas, Compromiso, Sacrificio y el Respaldo de gente dispuestas a dar su vida por un sueño en común: Ser, hacer y Trascender, necesidad imperiosa en todo ser humano, la cual un mal líder castraría con su actitud negativa cuando se convierte su ego en el centro de la meta a conseguir.

Un líder ególatra solo piensa en sus éxitos, y el fracaso de los objetivos malogrados se los achaca al equipo.

Ser benigno con el equipo es sinónimo de equidad y pertinencia: Así se garantiza el éxito de todos, guiados por un líder pertinente.




