
Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminólogo
Decir Adiós no significa no retornar. Es decir: «Me voy, pero tal vez, regrese o no». Cuando uno se va, el regreso es algo indefinido, inestable, que no depende de uno, sino de Dios que guía el destino, tan lleno de infortunios, pero también de episodios prometedores. Por eso, decir Adiós esconde un sentimiento de añoranza, de que me voy, pero los llevo conmigo en mi corazón.
Decir Adiós etimológicamente viene de la frase: «a Dios encomiendo tu alma«, «a Dios te encomiendo«, «a Dios vais«.
En inglés, la frase similar sería: “God be with you” (Qué Dios sea contigo).
Entonces, «Adiós» es una frase que encomienda al que se va y al que se queda en las manos de Dios. Por eso cuando me despido de ti, siempre te diré «Adiós», para que te vaya bien, bajo el paraguas del Omnipotente. He allí, el poder de las Promesas escondidas en el Salmo 91, sobre todo en el versículo 14, que enfatiza que Dios ama y cuida a los que conocen su NOMBRE y le invocan de veraz.
Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Salmo 145:18
Hoy te digo «Adiós» con el profundo deseo que vayas y vengas con el favor de Dios.

Rey David lo recitó:
El SEÑOR te protegerá de todo mal,
protegerá tu vida.
El SEÑOR protegerá tu ida y tu venida,
desde ahora y para siempre. Salmo 121:7-8