La dignidad humana supera toda barrera social

Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminológo

​El no tener clase social (estatus), títulos nobiliarios, cargos de importancia, etc. etc. etc., no convierte al ser humano común y corriente en un pinche cualquiera, todo lo contrario, revela la verdadera naturaleza de quién eres.

Todos nacemos desnudos, ignorantes y sin un destino confiado en esta vida, pero lo cierto es que todos, desde que nacemos hasta que moriremos, estamos marcados por algo que tarde o que temprano llega: La muerte. Ante ella se yergue la dignidad humana, con todas sus virtudes para enseñarnos que sin esfuerzo, valentía y fe en Jesucristo, estamos condenados al fracaso y a la decepción.

Es por ello, que la vida  no consiste en lo que se tiene u ostenta, sino en ser genuinos y luchadores y resilientes para recibir, cual recipiente las bendiciones del Señor Jesucristo.

Ya decía el Rey Salomón: «Vi además que bajo el sol no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla; y que tampoco de los sabios es el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor, sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos» (Eclesiastés 9:11). Con lo que se da a entender que hay un componente en la vida de todo mortal: la suerte o el favor de Dios. 

El Rey David sobre la suerte o el favor de Dios sobre su vida decía: «Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa. Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado» (Salmo 16:5—6).
El estatus social no es una cuestión que define la verdadera identidad del hombre, su imagen o su prestigio. Es algo que va mucho más allá. Jesucristo lo dijo así: «Y le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas Él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez o partidor sobre vosotros? Y les dijo: Mirad, y guardaos de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia que posee» (Lucas 12:15).

Así que si eres de aquellas personas que ha nacido en condiciones de exclusión social ligado a motivos étnicos, guerra, pobreza extrema, discapacidad, o has caído presa de la ruina que trae consigo la maldad del pecado, debemos tener presente que hay un futuro seguro si fijamos la mirada en Jesucristo y le pedimos que nos ayude a caminar con fe en su Nombre.

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