Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminólogo
Para vencer la espiral de la violencia y criminalidad que se ha desatado en Panamá, producto de la inequidad y la marginación de la clase social pobre y en extrema pobreza, sometidas por la clase social dominante, hay que ver este fenómeno como quien observa a «Un Dragón» y enfrentarlo de manera radical: cabeza, tronco y cola.
Hay que perseguir el crimen de manera integral, no sólo atacando a la micro delincuencia, sino que tambien, desde la cabeza, es decir a la macrodelincuencia y al cuerpo social o clase media que es el tronco; en otras palabras acertar el golpe de gracia a la macro delincuencia y entonces, el «Dragon del Crimen» dejará de golpearnos con la cola.
El crimen es como un dragón que quema y hiere con su ponzoña. El que no muere por su fuego voraz, muere por sus aplastante poder o es golpeado por su cola ponzoñoza
El fenómeno de la criminalidad hay que verlo desde la visión de que quien observa a una dragón, en cuya cabeza es donde están ubicados los delincuentes de cuello blanco, los de la clase social dominante, los que ascienden al poder político y usan sus influencias económicas para legitimizar sus actos de corrupción e impunidad.
En el «Cuerpo del Dragón», que va desde sus lomos hasta la cola, está la clase social media alta y media baja, la que con las empresas de apariencia legal hacen el trabajo de legalizar los delitos perpetrados por la macro delincuencia: son corporaciones y empresas que por definición sus entornos y actos son criminógenos, puesto que buscan siempre el beneficio y la máxima efectividad a cualquier coste.
Los delitos de cuello blanco van desde la evasión de impuestos, restricciones al libre comercio (consolidaciones, uniformidad de precios y discriminación de precios) y descuentos (son una forma especial de discriminación de precios y como tal pueden considerarse como restricción del comercio); las violaciones de la ley respecto a patentes, marcas de fábrica y derechos de autor (lo que actualmente conformarían los delitos contra la propiedad intelectual y denominación de origen); falsa representación de la publicidad (publicidad engañosa); prácticas laborales injustas (delitos contra los trabajadores); manipulaciones financieras (prácticas de las corporaciones o de sus ejecutivos, que comprenden fraude o violación de la confianza).
Este «Dragón del Crimen» contempla también delitos de guerra (primero: las violaciones de las regulaciones especiales en las dos guerras mundiales). De igual forma, están en segundo lugar, la evasión de impuestos de guerra. En tercero lugar, un resumen de las decisiones por restricción del comercio en la medida en que se relacionan con la guerra. En cuarta posición: la interferencia en la política de guerra por las corporaciones para poder mantener sus posiciones competitivas. Una quinta categoría: las violaciones de embargos y neutralidad, así como también la traición que se posiciona en el número de la Bestia o sea el sexto (6) lugar.
Entre los delitos de la Macrodelincuencia, también a modo de cajón de sastre están los misceláneos que se refieren a salud y seguridad, transacciones de negocios sin las debidas licencias requeridas por la ley, delitos contra el medio ambiente, libelo, falso arresto y asalto, calumnias, fraude en impuestos de aduana, contrabando, violaciones de contratos, violación de permisos de construcción, etc. El blanqueo de capitales, y el trasiego de droga a alta escala, sin menoscabar la trata de blanca.
En la cola del dragón, donde va el aguijón y la ponsoña, se ubican las familias marginadas, a quienes se les manipula su miseria y se le dan las migajas de la macro delincuencia; en la cola están las pandillas y las bandas delincuenciales integradas por los niños y jóvenes que nacen y viven en riesgo social y en conflicto con la ley y la sociedad. Ellos, la microdelincuencia hacen el mandado a los delincuentes de cuello blanco. Esos delitos de la micro delincuencia van desde el oficio de mula de drogas, sicariato, venta al menudeo de droga, guerra entre pandillas por dominar un mercado o un territorio, robos a/de propiedades, secuestros, delitos sexuales, y otros que se desprenden de la Macrodelincuencia, como forma de Vida.
