Por: Marcos Aurelio Álvarez Pérez / Periodista~Criminológo
En la quietud y la soledad es cuando puedo ver a Dios trabajar. El bullicio y la fantasía del mundo aniquilan la vida del espíritu. Por eso, los hijos de Dios para poder crecer es necesario que el mundo los aborrezca y los deje completamente solos.
